El gobernador tiene decidido llamar a elecciones apenas arranque el próximo año. Cierre de listas en febrero, temprano. Un plan para minimizar riesgos.
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El cálculo electoral de Maximiliano Pullaro
En este caso, para la próxima central de la provincia, Pullaro resolvería un cierre de listas para febrero, unas PASO para abril y una elección general a realizar en junio, dos meses antes de las primarias nacionales, si es que el Congreso sostiene el esquema electoral que rige en el país.
En el entorno de Pullaro no dan vueltas. Admiten que el gobernador comparte muchos votos con el mileísimo. “Voto dual”, lo llaman. En ese sentido, tienen medido que hay en Santa Fe entre un 69 y un 73 por ciento de votantes oscila entre ambos esquemas.
El enigma Romina Diez
La preocupación mayor del pullarismo pasa entonces por evitar que se mezclen y choquen ambos procesos electorales y que el electorado ponga sobre la mesa cuestiones nacionales en una contienda meramente provincial. No inquieta al gobernador, al menos por el momento, el armado opositor, tanto de LLA como del peronismo. “A esta altura de 2023, Maxi ya había recorrido la provincia dos veces”, se ufana un ministro de primera línea del gobierno.
Es que, como publicó Letra P, el panorama en la vereda de enfrente a Unidos es singular. La diputada Romina Diez es jefa y dueña de LLA en la provincia, pero carece de armado y despliegue a lo largo y ancho de la Bota ¿Acaso confiará que el presidente Javier Milei la puede traccionar y elevar de manera exponencial su conocimiento? A priori, parecería que eso no alcanza.
Los tercios, la clave para el peronismo
El peronismo se abraza a los tercios como perro a un hueso. Es la única vía para ser competitivo en la provincia, pero también es verdad que ninguno de sus dirigentes se mueve en plan candidato a gobernador. Omar Perotti se muestra más activo que hace unos meses y el diputado Diego Giuliano tiene la intención de competir, pero por el momento nada toma cuerpo ni volumen.
Con este panorama, Pullaro celebra por estos días lo que entiende como “estar solo en la cancha, sin rivales”. En rigor, es un valor en comparación con otros gobernadores dialoguistas que sufren la amenaza del fantasma libertario en sus terruños. Por caso, el cordobés Martín Llaryora ya padece la fortaleza de la unión del diputado Gabriel Bornoroni y el senador Luis Juez. El mandatario radical santafesino, aún con el motín policial y las protestas y escraches docentes que lo sacudieron, todavía duerme tranquilo. Ya le llegará el tiempo para inquietarse electoralmente.

