Tres empresas del agro se declararon en default, mientras Milei presume estabilidad
La paradoja entre el relato oficial y la cruda realidad económica del país sigue ampliándose. Mientras el presidente Javier Milei insiste en que su gestión está «reparando la economía», el sector agropecuario, históricamente uno de los pilares económicos de Argentina, empieza a mostrar grietas profundas: tres empresas clave, Surcos, Los Grobo Agropecuaria y Agrofina, han caído en default, generando tensión en la cadena de pagos.
Surcos, dedicada a insumos agropecuarios, se declaró en cesación de pagos en diciembre, alegando una “situación de iliquidez” y solicitando un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC). Los Grobo Agropecuaria, por su parte, comunicó que no pudo hacer frente a un pagaré de 100.000 dólares y advirtió que no podrá cumplir con vencimientos hasta marzo de 2025. Agrofina también sucumbió al contexto, informando que no podrá pagar obligaciones negociables ni otros compromisos debidos. a una caída drástica en la venta de agroinsumos y un exceso de stock en el mercado.
La respuesta del gobierno no se hizo esperar, pero en lugar de empatía o soluciones concretas, las empresas recibieron un sermón: según fuentes oficiales, la crisis no tiene relación con las retenciones ni con el contexto económico, sino con «malas decisiones empresariales». Curioso argumento viniendo de una administración que se ha dedicado a minimizar las preocupaciones de sectores clave mientras sostiene políticas impositivas que asfixian a sus contribuyentes más productivos.
La realidad, sin embargo, presenta matices que incomodan al oficialismo. Los analistas señalan factores como la caída de los precios internacionales de commodities, la persistente carga de las retenciones y el impacto del tipo de cambio como elementos determinantes en esta crisis.
En el sector ruralista, que alguna vez fue un firme aliado del gobierno, la paciencia parece estar agotándose. La Mesa de Enlace, que históricamente apoyó a Milei, ve enfriar la relación ante la falta de respuestas a reclamos históricos como la eliminación de retenciones.
Mientras tanto, el empresario Gustavo Grobocopatel intentó despegarse del escándalo, asegurando que su participación en el Grupo Los Grobo se limita a un 10%. La aclaración, sin embargo, no ayuda a mitigar la percepción de que algo anda mal, no solo en las empresas en default, sino en el país entero.
Y así, mientras el gobierno sigue vendiendo un relato de éxito económico, las empresas, el agro y, en definitiva, los argentinos, lidian con una realidad que poco tiene de idílica. La pregunta es: ¿cuántos más deberán caer antes de que el oficialismo admita que la estabilidad de la que presume tiene los pies de barro?
