Con el traje de intendente
Asume el nuevo intendente del pueblo y los vecinos acuden en masa. Son las 10 de la mañana de un día tórrido de diciembre y el paso cansino de los votantes hasta el lugar de encuentro revela que no hay prisa. El cronista y el fotógrafo que acaban de llegar de una ciudad grande cruzan miradas y sonrisas tontas cuando se topan con una breve formación de jinetes con sus caballos mansos alrededor del parque público donde se realizará la proclamación del jefe comunal. Son parte de la fiesta popular. Los rosarinos buscan desesperados un lugar en la sombra reparadora de los árboles donde esperar el inicio del acto.
Los vecinos están sentados en sillas de plásticos; los futuros secretarios, de riguroso e innecesario saco y corbata, a un costado, con el sol de frente; la familia del electo en otra punta. La pequeña banda municipal arranca, sin desafinar, con el himno nacional. Luego el formal locutor anuncia que hablarán el cura del pueblo y un pastor evangelista con look de muchacho piola del barrio. El cronista escucha glorias a dios esa mañana.
El electo -de impecable ambo negro- ingresa desde un costado del parque y saluda a los reunidos. Pero personaliza el saludo cuando recorre con su mirada al vecindario que se ha agrupado bajo la sombra del Paraíso, cuando descubre una cara conocida hace un gesto expresivo, de sorpresa y alegría, y alza al aire su mano derecha que se diferencia del saludo protocolar.
Cuando el presidente del Concejo Municipal le toma juramento, el electo tarda treinta segundos en responder, es un silencio interminable.
– ¡Dale jurá!- grita un vecino bajo la sombra reparadora. Y entonces el electo toma el micrófono y grita “sí, juro”, y el aplauso se vuelve voluminoso.
Con el traje calzado de intendente se para frente al atril y repasa la tremenda herencia que le deja el ex intendente de Cambiemos –ausente por obvias razones-, apela a la solidaridad de los contribuyentes para que se pongan al día con el impuesto municipal al que dejaron de pagar por un servicio que el PRO no cumplió en cuatro años de gestión, y se define como un emprendedor que pide ayuda a los votantes para salir de la crisis y recuperar aquel prestigio de “Funes, jardín de la provincia”.
Llegan los aplausos finales, el acto de asunción ha terminado. La formalidad da paso al encuentro de los vecinos y funcionarios. El electo va al encuentro de la gente que lo saluda, lo abraza, le pide una selfi.
Cuando llegue a su casa, en su primer día de intendente de Funes, Roly Santacrocce, repasará dos mensajes recibidos:
Omar Perotti: «Te felicito, conozco tu capacidad e idoneidad de gestión y como amigo sé que estarás gestionando soluciones para la ciudad. Aquí estaré, contá con mi apoyo y amistad para lograr juntos que tanto ciudad como provincia sean un mejor lugar de oportunidades para nuestros ciudadanos”.
Alberto Fernández: “Quiero llegar con estas pocas líneas para felicitarte luego de un esfuerzo de muchos años por alcanzar la representación de la ciudadanía funense. Sé de tu capacidad y tenacidad porque la he conocido personalmente. Sé que la ciudad de Funes será bien representada. Nos toca cerrar esta brecha que la sociedad vive y solamente juntos podemos lograrlo. Fuerza y adelante”.
