Aleart apuntó contra RosarioPlus y defendió una costa privada
La polémica por la costa del Paraná escaló y dejó en evidencia algo más que una diferencia de criterios: una forma de intervenir en el debate público basada en el ataque.
El concejal Juan Pedro Aleart respondió a la nota de RosarioPlus con descalificaciones —“RosarioPus”, “comunistas”— en lugar de discutir el contenido. Pero no se quedó ahí: en sus declaraciones volvió a afirmar que las costas son “privadas”, una definición que entra en tensión directa con el marco legal vigente.
El punto no es menor. El camino de sirga, establecido en el Código Civil y Comercial de la Nación Argentina, fija una franja de 15 metros de uso público sobre la ribera, incluso en terrenos privados. Es decir: puede haber dominio privado lindero al río, pero no un acceso restringido.
Ahí es donde el planteo de Aleart genera ruido. Porque al insistir con la idea de una costa “privada”, omite una limitación legal central: el acceso al río es un derecho garantizado.
Desde el Concejo, las críticas no tardaron en aparecer. El edil Fabrizio Fiatti habló de “desconocimiento” y remarcó que ninguna ordenanza puede modificar el Código Civil, mientras que la concejala María Fernanda Gigliani también se manifestó en contra del proyecto, sumando cuestionamientos al enfoque planteado.
En paralelo, el discurso del concejal sumó otro elemento: la idea de un conflicto con los clubes y de supuestas “extorsiones”. Desde el oficialismo local lo desmintieron de plano y defendieron las herramientas actuales que, lejos de restringir, permitieron regularizar situaciones y facilitar el funcionamiento de las instituciones.
En ese contexto, el ataque al medio no es un dato menor. Forma parte de una estrategia conocida: desacreditar al que informa para evitar responder sobre el fondo. En términos argumentativos, es una falacia ad hominem.
No es la primera vez que ocurre. En la discusión reciente por la salud, el espacio de Monteverde también eligió descalificar a RosarioPlus antes que debatir los datos.
Pero más allá del ruido, el eje sigue siendo el mismo.
No se trata de ideología. No se trata de etiquetas. Se trata de algo más concreto: si el acceso al río sigue siendo de todos o si empieza a correrse ese límite.
Y en esa discusión, la ley es clara.
