Lo cierto es que los hospitales del sistema de salud público están colapsados, aunque no es una realidad oficialmente reconocida, un buen indicador es escuchar en radios llamados de personas que llevan ocho horas esperando ser atendidas o ver brevemente en TV como personas reconocen haber estado mucho tiempo en la camilla de la ambulancia antes de recibir el tratamiento o videos de médicos de la Posta Central reclamando por falta de insumos tanto para pacientes como para ellos mismos. De hecho, ya falleció el primer doctor por COVID-19, el gastroenterólogo René Sánchez, del hospital público Sótero del Río. Y aunque este hecho motivó un llamado del gobierno a aplaudir a los doctores, a la usanza de otros países, muchos cuestionaron la evidente contradicción entre la falta de insumos y estos gestos. También es muy común ver en Twitter e Instagram a enfermeros contando el horror que se vive, aunque —por el momento— no se ha llegado al nivel de decidir a qué enfermo dejar con vida ante la falta de suministros y equipo médico

Hasta que mismo Financial Times reconoció hace unos días un “exceso de muertes” en Chile de 1.600 casos haciendo el mismo procedimiento de Matus. El otro gran liderazgo es el de Izkia Siches, presidenta del Colegio Médico de Chile, que ha insistido desde el principio en la cuarentena total y ha emplazado al gobierno a una política más enfocada en la preservar la vida (ya que todas las evidencias demuestran que la prioridad fue proteger la economía) lo que la he llevado a ser atacada por la derecha bajo el viejo recurso de no remar para el mismo lado y de causar división.