“Sin retorno”: en el Gobierno descartan una alianza con Macri y se enfocan en acuerdos territoriales con el PRO
Para el oficialismo, la relación entre Javier Milei y el ex presidente es irreconciliable. Descartan que Macri tenga peso electoral. La preocupación por las negociaciones con los gobernadores y los acuerdos nacionales abren una nueva ola de tensiones en el oficialismo.

Ni las complicaciones internas, ni las inconsistencias patrimoniales del jefe de gabinete y mucho menos los desequilibrios económicos impiden que el gobierno haga lo que más le gusta hacer: limar a Mauricio Macri. Como un depredador que espera el momento justo para atacar, el ex presidente, decidido a hacer competir al PRO en la mayor cantidad de provincias posibles el próximo año, abandonó su silencio sepulcral en el peor momento de la imagen de Javier Milei y en la Casa Rosada estallaron. “Nunca supo cuál es su lugar en el mundo, ni siquiera cuando era joven”, dijeron con todos los ánimos de ofender desde el entorno íntimo del líder libertario.
No es una novedad que la relación del león y el republicano está completamente paralizada desde la salida de Guillermo Francos de la jefatura de gabinete en noviembre del 2025. El ingeniero, quien se encontraba cenando en la Quinta de Olivos en el momento en que el todavía ministro coordinador presentó la renuncia a su cargo, fue el primero en criticar la decisión del jefe de estado de elegir a Adorni como su sucesor y desde entonces no hubo vuelta atrás. La decisión del ex jefe de gobierno de relanzar su partido sólo fue la gota que rebalsó el vaso de una relación que, aseguran en el círculo íntimo de Milei, “no tiene retorno».

Pese a las diferencias en las cúpulas de los partidos, lo cierto es que en los territorios la convivencia es diametralmente opuesta. No son pocos los municipios en los que el PRO y La Libertad Avanza logran convivir en paz en los concejos deliberantes y con mayor rango dentro de la Legislatura bonaerense, donde hace rato comenzó la rosca por la sucesión de la gobernación electoralmente más importante del país. Con terminales en las 135 comarcas bonaerenses, los amarillos se encolumnan detrás del larretista devenido en ministro del Interior, Diego Santilli, dispuesto a recibir la bendición de los hermanos presidenciales para competir para suceder a Axel Kicillof. Un viejo amigo lo ayuda desde las sombras.
Este martes, Cristian Ritondo, se refirió a la posibilidad de confluir y no dejó lugar a dudas sobre la postura amarilla. “En provincia de Buenos Aires no hay opción si queremos ganar, hay que ir juntos”, dijo el ex ministro macrista, quien a su vez ponderó a su amigo como candidato en desmedro de los deseos de Sebastián Pareja, otro de los interesados en quedarse con la gobernación. “Yo lo he dicho el día que ganamos la elección, lo considero quien mejor está, quien más voluntad tiene y lógicamente se coloca en un lugar donde tiene que tener el apoyo de ambos, por lo menos de los dos partidos principales”, enfatizó el legislador y principal impulsor de la pax inconcebible entre los viejos aliados.
Durante meses, el titular del bloque PRO en Diputados intentó sin éxito oficiar como nexo conversor del vínculo entre la Casa Rosada y Balcarce 400. Ninguno de los asados y cenas en coquetos restaurantes sirvieron para aflojar el frío corazón de los laderos del presidente, que se mantuvieron estoicos en la postura del líder libertario de no volver a abrirle las puertas al ex presidente. Con la eyección firmada, en silencio Macri volvió a juntar a su tropa y en las últimas semanas relanzó el espacio fundado hace dos décadas con el único objetivo de convertirse en un dolor de cabeza para los Milei.

Luego del pomposo relanzamiento, que a experimentados operadores les despertó la nostalgia por el extinto Cambiemos, en el oficialismo hacían saber que el calabrés estaba dando “manotazos de ahogado” y que su fuerza “no mide más de 4 puntos.” Pero las carambolas del destino, y los malos hábitos de la neonata casta libertaria, hicieron que el estallido del Adorni-gate cayera como anillo al dedo a un espacio que apuesta por el discurso del conocimiento para acomodar una gestión que, aunque ponderan, advierten que el rumbo no es el correcto. “La lealtad es al cambio que se prometió. Eso nos obliga a reconocer lo que está bien y señalar lo que está mal”, sostuvo Macri en su discurso el último viernes en Chaco.
Durante su visita a la provincia, el tandilense mantuvo un encuentro con los gobernadores Leandro Zdero y Juan Pablo Valdes, con quien el gobierno pretende aunar fuerzas para lograr pintar de violeta el país. La decisión de los jefes provinciales no llamó la atención dentro del oficialismo, aunque las lecturas no tardaron en llegar. “Está claro que Mauricio está queriendo reeditar Juntos por el Cambio y que los gobernadores buscan un plan b”, analizaron sin esconder su irritación desde el entorno del libertario.
Es en esta circunstancia que las disputas internas del gobierno sobre la estrategia electoral vuelven a aflorar. Mientras que el lado karinista de la gestión, conjugada por el armador nacional Eduardo “Lule” Menem, entiende que hay que imponer candidatos propios en cada una de las provincias, en el lado caputista de la gestión advierten que un acuerdo con algunos gobernadores es necesario para garantizar las mayorías dentro del Congreso. El año pasado, estas diferencias abrieron una grieta irreparable dentro del gobierno que, hasta hoy, mantiene en dos alas deliberadamente separadas a los miembros de cada tribu. Pero nada como un antagonista compartido para reagruparse en el espanto.

Sin un ápice de paradoja, lo único que encolumna a los miembros de la gestión violeta en un mismo frente es el desprecio por la figura del bostero. La interna sin cuartel que Santiago Caputo y Karina Milei mantienen encarnizada desde hace larguísimos meses se pone en pausa cuando del ex presidente ojos de cielo se trata. Los miembros honorarios del extinto Triángulo de Hierro entienden que el enemigo en común es aún más peligroso que su puja de poder, lo que unifica el discurso de ambos espacios contra las intenciones de crecimiento que expone el fundador del partido amarillo.
El deliberado rechazo del calabrés a la hermana presidencial, a quien nadie que tenga intenciones de sobrevivir se atreve a criticar ni siquiera puertas adentro, impulsó a que todas las tribus se unificaran en pos del cuidado de la menor de los Milei.
“Macri nunca entendió que la única manera de llevarse bien con Javier es llevándose bien con Karina y lo primero que hizo fue ser extremadamente ofensivo para con ella”, sostuvo ante la consulta de este diario un conocedor del origen de la disputa con el bostero. Meses atrás, cuando todavía mantenía las intenciones de desembarcar en la gestión, el patriarca del PRO habló sobre el “alarmante nivel de personalismo con el que se maneja Karina”, a quien acusó de no estar construyendo un equipo de gobierno, “sino una estructura cerrada que no tolera disidencias ni miradas diferentes.” Suficiente para ser expulsado del paraíso.
Para la misma fuente, el principal error del ex presidente fue querer explicarle a su sucesor “cómo gobernar” después de que su gestión “haya sido un desastre”. En este sentido, dentro del oficialismo entienden que el ex presidente no sólo carece de peso electoral, sino que además descartan toda posibilidad de confluir en una coalición con tintes juntosporelcambiemista. “Competimos con el sello de La Libertad Avanza”, sintetizó otra voz al tanto de los tejes y manejes electorales.
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— Mauricio Macri (@mauriciomacri) March 19, 2026
En las últimas mediciones que llegaron a las mesas colegiadas del oficialismo, Macri tiene una intención de voto del 4% como potencial candidato a presidente, mientras que el PRO oscila entre el 5 y el 7%, según el escenario de competición. Si eventualmente la vicepresidenta, Victoria Villarruel, se aventurara a competir para suceder a Milei y el voto de centro derecha se viese tentado a dividirse, el ex presidente se quedaría con cinco puntos porcentuales y la vice cuatro.
Los por ahora bajos números de competición, sin embargo, son toda una calamitosidad a la hora de pensar un escenario de triunfo en primera vuelta. “Todo candidato que saque votos complica el 40 – 10”, analiza un conocedor de la dinámica libertaria sobre la titánica tarea de alcanzar una diferencia porcentual suficiente para no caer en el siempre dramático balotaje. El principal problema del gobierno es que Mauricio Macri sabe de sus complicaciones. Y sin dudas las usará a su favor.
