Opinión

Siete días Los discursos incómodos

A una semana de las elecciones, el oficialismo mostró en el Día de la Bandera toda su incomodidad. Es que le quedó muy angosto el camino a transitar para la cosecha de votos a concejales en Rosario. El gobernador Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin volvieron a criticar al presidente Javier Milei pero sin olvidar la rivalidad que los llevó a sus puestos mediante el sufragio: El machacar constante hacia el peronismo en general y el kirchnerismo en particular. La frase fuera de contexto de quien era ministro de Seguridad, Aníbal Fernández –”ganó el narco”– fue la mejor propaganda para Unidos que logró en los hechos y objetivamente revertir el drama cotidiano de la violencia narco. Fernández nunca dijo esa frase en el sentido que se le atribuye pero eso poco importa porque su desidia para atender los problemas de Rosario fue tan marcada que hasta los propios peronistas de Santa Fe lo reconocen sin vueltas.

Claro que lo que no es reconocido es la cantidad de recursos que aquel desdibujado gobierno de Alberto Fernández giró a la ciudad en materias como salud pública y educación superior. Nunca en la historia la Universidad Nacional de Rosario construyó y renovó tantos edificios propios como en esos años. Los subsidios al transporte, aunque seguían concentrados en el AMBA, llegaban con escasas demoras para los colectivos de la ciudad. Para mencionar apenas dos rubros que Milei no sólo suprimió de la agenda sino en los que agravó el panorama vía desfinanciación.

Pero eso ya no importa, hay una nueva grieta en el pueblo y a Unidos –que saltó hacia uno de los lados en la anterior– le toca ahora transitar la siempre esquiva “avenida del medio”. Antes fue “todos unidos” contra el peronismo, ahora es algunos unidos contra el peronismo y contra La Libertad Avanza. No es lo mismo dividir por tres que hacerlo por dos. Siempre la porción es más chica.

Se vió en las elecciones a Convencionales Constituyentes donde el frente de gobierno perdió miles de votos porque apareció un nuevo actor político en Santa Fe de la mano del presidente Milei, y el peronismo derrotado y atomizado hasta su mínima expresión, mostró igual que está competitivo. Además, las del domingo próximo en la provincia, serán las primeras elecciones en el país tras el 18 de junio de Cristina Fernández de Kirchner que devolvió centralidad al PJ y esperanzas a un sector de la sociedad que ya tuvo suficiente de la salvajada que se festeja todos los días desde diciembre de 2023, en una obscenidad pública nunca vista hasta entonces.

Le está costando mucho al oficialismo provincial desnacionalizar la elección. Primero porque la polarización es cada vez más fuerte y segundo porque aparte de las mejoras para todos evidente en materia de seguridad; no hay mucho más para mostrar que deseos de imponer esa ficción llamada “modelo Santa Fe” que es tan incierta como transversal a varias fuerzas políticas en la provincia.

Encima, esos aires polarizadores que bajan desde la nación, encontraron buenos candidatos en la ciudad. Por eso todas las encuestas de los últimos días lo muestran a Juan Monteverde de Ciudad Futura y aliado con el peronismo, a la cabeza de las preferencias. Seguido muy de cerca por Juan Pedro Aleart que directamente inundó la ciudad con afiches al lado del presidente Milei (“Aleart es Milei en Rosario”), más fácil que la tabla del dos. La candidata oficialista, Carolina Labayru sigue tercera y más lejos tal como terminó en las PASO de abril. Pero en este tramo es el propio gobernador el que se puso al lado en los afiches en la apuesta de máxima que tiene Unidos para salir a la cancha.

Discursos y mensajes

Monteverde es como un sucedáneo de Leandro Santoro en Rosario. Un no peronista que le da frescura y potencia las bondades del mensaje kirchnerista pero sin el desgaste de los tiempos. Es lo que vió la oxidada conducción del Partido Justicialista de la provincia que fue rechazada por la mayoría de los sectores formales del peronismo santafesino, sobre todo por aquellos que aún creen en esa quimera de un “peronismo santafesino” de pura cepa. Que haya funcionado en Córdoba no quiere decir que pueda hacerlo aquí. Es más, todo indica que ese tren ya pasó.

Aleart, por su lado, es el candidato debutante. Un chico simpático que le decía a las señoras cómo había que salir vestidas desde el móvil de la mañana de Canal 3. Que ahora muestra una cara siniestra para los sectores que lo rechazan y que dió este paso después de una oscura denuncia sobre su pasado que, si bien lo tuvo cómo víctima, también le dio una visibilidad que posibilitó su salto a la vida pública. Como sea, recibe los embates tanto del gobernador y el intendente para abajo; como así también de todo el arco peronista que lo desprecia con ganas. Esto no hace más que afirmarlo en su prédica y consolidarlo para su público. “Es kirchnerismo o libertad”, sostiene desde los banners de la peatonal. Es sencillo. Y los méritos en seguridad para Rosario, asegura Aleart, son obra exclusiva de la gestión de su verdadera mentora, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich.

Labayru, como Javkin, se pega a Pullaro y al discurso de la seguridad y la mano dura. Es cierto que esa fue una demanda muy concreta en Rosario, pero como pasa con otras demandas sociales, siempre se renuevan. A medida que fue cediendo el drama de contar los muertos diariamente, los vecinos volvieron su mirada al transporte, la basura, la iluminación, los centros de salud. Y si bien el intendente encaró un agresivo plan de obra pública, fueron tantas las postergaciones entre la pandemia y la violencia narco que agarrar ritmo de gestión fue bien cuesta arriba. Todo en medio de una sociedad que aumenta no sólo en la cantidad y variedad de demandas sino en la velocidad de respuesta para las mismas, como sostiene Darío Giustozzi, director académico de la diplomatura de Cibergobernanza y Tecnohumanismo de la UCES.

Con todo, el desafío para el próximo domingo pasa por saber cuántas de las 378.146 personas que no fueron a votar el 13 de abril irán a hacerlo en esta oportunidad. Las estimaciones sobre los que ahora podrían rever esa postura y asistir son casi tan alarmantes como el porcentaje de ausentismo en las PASO: la mayoría de los que trabajan en las campañas creen que el porcentaje será similar al de abril. Los más optimistas creen que podrían concurrir a las urnas entre 20 y 25 mil electores más.

Entre los rosarinos que no fueron a votar, los que votaron a listas que no llegaron al piso, los que votaron en blanco y los votos anulados hay un universo amplio y misterioso que desafía a las siete listas que siguen en carrera.

Leo Ricciardino

Periodista. Estudió Historia y Derecho (UNR). Escribe en Rosario12.

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