La Pastoral Social rechaza la prohibición de los cuidacoches en Rosario
En un encuentro con concejales, la Iglesia advirtió que eliminar a los “trapitos” agravaría el problema social, pidió avanzar en su regulación y encarar soluciones reales a la pobreza.
En medio del creciente debate político sobre la presencia de cuidacoches en Rosario, la Pastoral Social de la Iglesia local expresó ante concejales su rechazo a los proyectos que buscan prohibir esta actividad, y advirtió que una medida de ese tipo podría profundizar la exclusión social en la ciudad.
El planteo se dio este miércoles durante una reunión en el Palacio Vasallo, donde referentes de la Pastoral Social fueron recibidos por la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, junto a ediles de distintos bloques. El encuentro tuvo como eje la situación social, marcada por el aumento de la pobreza, la caída del poder adquisitivo, el desempleo y la creciente demanda de alimentos en los sectores más vulnerables.
En ese marco, el tema de los cuidacoches –también conocidos como “trapitos”– ocupó un lugar central. Desde la Iglesia cuestionaron abiertamente las iniciativas que circulan tanto en el Concejo como en la Legislatura provincial para erradicar esta actividad de la vía pública.
“Prohibirlos es ponerlos bajo la alfombra. Pero el problema se hará tan elevado que nos terminaremos rompiendo la cabeza”, sostuvo Fabián Monte, vicepresidente de Cáritas Rosario, al fijar la posición del espacio.
Si bien desde la Pastoral Social remarcaron su rechazo a cualquier forma de violencia, extorsión o amenaza, subrayaron que la mayoría de los cuidacoches recurre a esta actividad como medio de subsistencia. En ese sentido, plantearon que la respuesta no debe ser punitiva sino orientada a la regulación.
“No creo que prohibir sea la solución. Siempre pagan justos por pecadores. Muchos hacen bien las cosas y algunos mal. No podemos avalar que a estas personas se las saque de las calles. ¿Dónde van? ¿A delinquir?”, cuestionó Monte, al tiempo que defendió el “rebusque” de quienes encuentran en esa tarea una forma de ingreso.
El referente de Cáritas insistió en que la eliminación por vía legal no resuelve el problema de fondo. “Las cosas no desaparecen por prohibir. ¿Qué hacemos, prohibimos también la mendicidad? ¿Cómo se soluciona el tema de los trapitos, los escondemos?”, planteó, reforzando la necesidad de discutir alternativas que contemplen la inclusión social.
Desde la Pastoral Social señalaron que su postura se enmarca en la Doctrina Social de la Iglesia, que pone en el centro la dignidad de la persona humana y promueve principios como la justicia social, la solidaridad y el bien común.
Además del debate por los cuidacoches, en la reunión se abordaron otras problemáticas sensibles como la situación de jubilados y personas con discapacidad, el avance de las adicciones y el deterioro general de las condiciones de vida en la ciudad, en un contexto que –según advirtieron– exige respuestas integrales y no medidas aisladas.
¿Qué quieren algunos?
En el Concejo hay distintas intenciones, desde la prohibición lisa y llana hasta esquemas de regulación. Entre las posturas más duras se ubica el concejal Juan Pedro Aleart, quien impulsa una iniciativa para erradicar la actividad en toda la ciudad, con sanciones que incluyen multas y posibles arrestos en casos agravados. En una línea similar también se inscriben planteos del edil Damián Pullaro, orientados a reforzar el control del espacio público y limitar la presencia de los llamados “trapitos”.
Sin embargo, el escenario está lejos de mostrar consensos. Desde otros sectores del cuerpo deliberativo, voces como la de Fernanda Gigliani proponen avanzar en una regulación de la actividad, con la creación de registros y políticas de inclusión sociolaboral para quienes hoy trabajan en la calle. En la misma línea, la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, planteó la necesidad de abordar el fenómeno con una estrategia integral que exceda la mera prohibición.
En total, son al menos siete las iniciativas en danza dentro del Palacio Vasallo, lo que refleja no solo la complejidad del problema sino también la falta de una posición unificada. Mientras algunos bloques buscan respuestas punitivas, otros apuntan a alternativas que combinen ordenamiento urbano con contención social.
