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Feced, una síntesis

Una biografía posible del feroz exjefe de Policía de Rosario durante la última dictadura militar.

Feced jefe II cuerpo del ejército dictadura militar en Rosario
Agustín Feced, exjefe de Policía de Rosario. (Gentileza -)

Agustín Feced, ex jefe de la policía de la entonces ciudad obrera, portuaria, ferroviaria e industrial, tuvo una clara visión del rol histórico de su función. “Estas organizaciones trabajan sin tener en cuenta el tiempo, el tiempo para ellos es secundario, no nos extrañemos que empiecen, no ahora, sino en una fecha relativamente corta, larga, pero van a volver porque les queda todavía… por empezar que ha sido histórico, una etapa de venganza personal, una venganza personal, como ocurrió con ese teniente coronel que fue a reprimir allá en el sur en la Patagonia trágica y después lo mataron acá en el centro de Buenos Aires… Varela y lo mató un terrorista extranjero…”, declaró el 11 de setiembre de 1984 ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Feced se sentía la continuidad de Varela, el represor de los huelguistas del año ’21 en la Patagonia. Una clara definición del objetivo del Terrorismo de Estado.

Feced, el represor del levantamiento peronista de noviembre de 1960 y que llegó a tomar el Regimiento 11 en Rosario, el que participó de las persecuciones durante los rosariazos de 1969, jefe de policía a principios de los años setenta, casi mandamás de la Triple A y de nuevo el máximo referente de la fuerza policial en Rosario entre 1976 y 1977, estaba vivo dos años después de muerto según lo demostró una pericia caligráfica en al año 2000.

Desde el 31 de enero de 1984, cuando se presentó ante los tribunales federales, Feced estuvo en estado de prisión rigurosa y nunca dejó de estarlo. Sin embargo, hasta aceptando la historia oficial de su muerte, sus permanentes viajes a Formosa y al Paraguay, lo convierten en un claro símbolo de lo permisivo que era el poder judicial y político de la naciente democracia argentina. Justicia federal rosarina, ministerio de Gobierno santafesino, fuerzas armadas y de seguridad nacionales, Ministerio del Interior del gobierno alfonsinista; todos ellos, fueron burlados por el ex comandante de Gendarmería con llamativa facilidad más si se tiene en cuenta que estaba acusado de 270 homicidios en la provincia y otras regiones del litoral.

Reconoció que llevaba un album, “prolijamente”, con información sobre víctimas, entre otras, policiales. Nadie le preguntó dónde está ese album.

Concurría “asiduamente” al Servicio de Informaciones “para ir interiorizándome de la evolución de la situación, porque ahí cambiaba cada tres, cuatro horas cambiaba la situación, en los momentos de gran actividad, así que iba con frecuencia”. En realidad, Feced hace una descripción de los tiempos de quiebre que se lograba sobre los detenidos por medio de las torturas. Hay que recordar que un militar, González Roulet, declaró que por el Servicio de Informaciones de la policía rosarina, pasaron mil ochocientas personas entre 1976 y 1979. El verdadero Auschwitz rosarino.

Cuando le preguntaron por los efectivos a su cargo, Feced contestó: “En total entre civiles y todo tres mil hombres…toda completa, señor, con comisarías, con todo”.

Feced dice que tenía un infiltrado en Montoneros, le llamaba el “injerto” y sostenía que no conocía su identidad “porque esta guerra moderna hay que hacerla así, quien diga que no fue una guerra se equivoca, para mi”, apuntaba el ex comandante de Gendarmería.

Sobre los cuerpos de los muertos, Feced contestó que muchos “no se mandaban porque venían los familiares a retirarlos porque sabían que estaban en la organización subversiva, así que cuando leían los partes en los diarios, incluso con nombres de guerra y todo se conocían los familiares, había mucho trabajo también, no se podía, llegó un momento que había que enterrarlos y no había lugar en las morgues, nada”.

Feced volvió a declarar en la sede del Juzgado de Instrucción Militar número 64 en la ciudad de Rosario, el 25 de abril de 1985. Allí regresó al tema del álbum y dice que “permanecía a la vista en el despacho del declarante, pero no como expresa que era una especie de registro de los muertos subversivos, ya que en el figuraban también los caídos de propia tropa, muertos por la subversión, documento usual en toda policía, en cualquier lugar del mundo, lo cual nada tiene de llamativo en particular…(se trata) de tomar venganza contra las instituciones que en su oportunidad lo sancionaron por los ilícitos cometidos en provecho propio, en desprestigio de la lucha entablada en defensa de nuestra Patria”.

El album, hasta el día de hoy, es un misterio que parece importar muy poco a las autoridades políticas que tuvo la provincia de Santa Fe desde 1983 al presente.

Hijo del director de escuela pública, el español Blas Feced, Agustín nació el 11 de junio de 1921, en Acebal y antes de ingresar a la Gendarmería Nacional trabajó como docente en Colonia “El Ombú”, en Arroyo Seco.

Su primera actuación contra “la subversión peronista” fue en noviembre de 1960, cuando distintos grupos de la resistencia tomaron el Batallón 11 de Infantería, en Rosario. Feced al mando de una docena de hombres reconquistó el lugar.

La segunda aparición fue en ocasión del segundo Rosariazo, en setiembre de 1969, en apoyo a la represión que había comandando el entonces teniente coronel Leopoldo Fortunato Galtieri, encargado de un batallón de Corrientes. En 1970, Feced fue nombrado, por primera vez, jefe de la Unidad Regional II de Policía. Ya por entonces estaba casado con Martha Abal y tenía cuatro hijos, tres mujeres y un hombre.

El 28 de noviembre de 1972 participó del secuestro, torturas y muerte de Angel Brandazza, como lo reconoció el ex agente de policía Angel Farías, ahora extrañamente incluido en la lista de pedidos de captura internacional que realizara en su momento el juez español Baltasar Garzón. El propio Farías admitió ante la Comisión Bicameral de la Legislatura de Santa Fe, presidida por el entonces diputado justicialista Rubén Dunda, que “Feced torturaba con su propia gente, hacía trabajos por las suyas”.

Desde 1974 a principios de 1976, Feced volvió a la clandestinidad. Tenía otro nombre bajo el cual recibía el sueldo y la jubilación y se desplazaba por toda la región del litoral argentino.

Le llegaron a ofrecer el mando de la Triple A, desde el seno de la administración de María Estela Martínez de Perón, pero no aceptó porque no era un cargo público, si no subterráneo. Esto lo dijo la mujer que acompañó a Feced durante diez años en su trayectoria en Rosario a este cronista en 1999.

Feced quería ser nombrado ante las cámaras de televisión…

Pero no se lo aceptaron, comentó entonces la concubina del ex gendarme.

La misma mujer fue muy clara al decir que su marido era permanentemente invitado a comer o desayunar junto a Arturo Acevedo, presidente de Acindar, o Alberto Gollán, titular de Canal 3 y Radio 2. Aquel ofrecimiento de liderar la Triple A fue después del asesinato del comisario Villar a cargo de una célula de Montoneros. Por aquellos tiempos, Feced ya era integrante del Batallón 601 y cobraba sus haberes bajo el apellido de Carlucci.

Feced siempre fue un cuidadoso orfebre a la hora de producirse disfraces pero su presencia exigía un máximo de seguridad que nadie eligió disponer.

Hasta el 30 de junio de 1983, Feced cobraba sus haberes bajo el nombre de Rubén Alberto Carlucci, extraño alias que eligió luego de haber participado en la desaparición de una militante de la ciudad de Capitán Bermúdez, Isabel Carlucci.

En esa ficha figura que su último ascenso se había producido en enero de 1983 y que había ingresado en junio de 1974. Se trataba de su trabajo en la Secretaría de Inteligencia del Ejército, como le llegó a comentar en una carta al ex Ministro del Interior de la dictadura, Albano Haguindegy.

Feced fue el resultado de un proyecto contrarrevolucionario que comenzó a gestarse con los asesores franceses a fines de los años cincuenta y que tenía como principal objetivo la aniquilación de jóvenes trabajadoras y trabajadores con ideas revolucionarias, como lo fue el coronel Varela en la Patagonia, tal cual lo confesó el propio ex jefe de la policía rosarina y casi titular de la Triple A. Todavía hoy hay algunas personas que siguen buscando aquel álbum y las dos pistolas Magnum del comandante como también saber el destino de los cuerpos desaparecidos y el de las niñas y niños secuestrados y nacidos en cautiverio.

Periodista y diputado provincial.

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