Dolor y dudas por la muerte de una alumna
La nena de 6 años sufrió un golpe en un recreo, y falleció 48 horas después. Su familia cuestiona la versión oficial y denuncia demoras en la atención.

Una niña falleció este fin de semana, como consecuencia de un fuerte golpe en la cabeza que sufrió el viernes, durante un recreo en la escuela a la que asistía, en zona sur, al caer contra un banco de cemento. En el hospital lograron reanimarla, pero 48 horas después falleció. El deceso ocurrió el domingo por la tarde, y ayer trascendió la tragedia y la sospecha familiar de que las cosas no sucedieron como explicaron las autoridades del establecimiento educativo. Pese a semejante circunstancia, los padres de la nena dispusieron la donación de órganos de su hija.
Se llamaba Luna Miqueas Cuello, tenía 6 años y cursaba el 1º grado de su nueva escuela, la Nº 117 Islas Malvinas, en España y avenida Uriburu, zona sur de Rosario. De acuerdo con lo que se informó por vía judicial, comentarios de la comunidad educativa, y el propio padre de Luna, Ricardo Miqueas, ocurrió cerca de las tres de la tarde del viernes pasado, durante uno de los recreos del turno tarde. Luna estaba en uno de los patios del edificio escolar. No se precisó si estaba acompañada por otros alumnos o alumnas, ni tampoco que hubiese estado presente alguna autoridad docente. Y allí estriba el epicentro de la desconfianza familiar: el posible descuido del personal a cargo.
Es que la primera explicación que partió desde la escuela fue que Luna tenía los cordones de sus zapatillas desatados, que se los pisó y así se fue de bruces contra un banco de cemento. Así golpeó su cabeza.
Tras conocerse el desenlace fatal, ayer la escuela Islas Malvinas permaneció cerrada.
Cuando le avisaron a Ricardo que fuera a buscar a su hija a la escuela porque había sufrido un golpe, el hombre no esperaba tan grave situación. “LLegué con una toalla, pensé que sería algo leve, ya antes también había tenido un raspón en la nariz. Pero cuando llegué vi que estaba la ambulancia y estaba entrando la camilla. Tenían a Luna en la Dirección, sangraba la cabeza y se había orinado. Yo por mi trabajo sé que cuando pasa eso es que hay paro cardiorrespiratorio”, relató el padre con angustia. Él tiene experiencia laboral en la salud.
“Pero eso de los cordones desatados no lo creo, porque cuando la acompañé al (Hospital de Niños Víctor J.) Vilela, ella tenía los cordoncitos atados con doble nudo, como yo se los había atado”, sollozó.
Miqueas afirmó y reiteró su sospecha de que la escena sucedió sin que hubiera adultos supervisando el patio donde estaba su hija.
Una tía de la niña también accedió a la prensa y cuestionó una posible demora en asistir a su sobrina. Es que entre los padres se comentó que pasaron más de 20 minutos hasta que alguien desde la escuela se comunicó con la familia Miqueas Cuello y se activó la atención médica. “No nos cierra lo que dicen. Si no la vieron, ¿cómo pueden afirmar que se tropezó?”, razonó la tía de la niña, quien consideró que la versión oficial buscó desligar responsabilidades.
Entre la tarde del viernes y el mediodía del domingo, el equipo médico del Vilela logró reanimarla y estabilizarla. Aunque Luna no sufrió fractura de cráneo, sí presentaba una severa inflamación cerebral, con secuelas neurológicas y riesgo de muerte. La operaron de urgencia para drenar un coágulo de sangre, y quedó muy delicada, hasta que el domingo falleció.
En medio de su peor pérdida, los Miqueas Cuello aceptaron donar los órganos de Luna, y ese mismo día se realizó la ablación de riñones, córneas y válvulas cardíacas.
El caso motivó la apertura de una investigación penal, por protocolo. El fiscal de la Agencia de Siniestralidad Vial y Delitos Culpososo, Matías Edery, inició ayer la ronda de consultas a testigos varios. Pese a configurar por ahora un caso penal, se prescindió de la autopsia. Quedó firme el traumatismo de cráneo como causa de muerte, y solo queda elucidar cómo fue que la niña cayó y golpeó.
Ayer Ricardo Miqueas habló sin pausa con movileros, con otros padres, con vecinos, en su máxima aflicción pero con el valor para todavía reclamar la verdad, y pedir mejor control y condiciones de seguridad en esa escuela: “No quiero que haya otra Luna”, pidió.
La Islas Malvinas, esta escuela en el barrio Matheu, alberga a unos 700 alumnos y alumnas de nivel primario. Hace cuatro años, en abril de 2022, fue blanco de amenazas contra sus docentes, en forma de mensaje escrito y muchas vainas de bala servidas.
