Central sorteó de manera satisfactoria los octavos de final con una victoria por 3-1 sobre Independiente. Un paso grande hacia el título del torneo Apertura.
Sebastián Suárez Meccia
La «V» de la victoria de Central en el gesto de Ángel Di María tras el golazo del empate. Central sacó a Independiente y sueña en el torneo Apertura.
Y Central va, entonado, con ganas, con falencias, pero con un convencimiento inquebrantable. Una tarde con final feliz, con gargantas al rojo vivo por ese triunfo por 3 a 1 sobre Independiente que puso al equipo de Jorge Almirón en los cuartos de final del torneo Apertura. Sólido andar y una ilusión que se potencia.
¿Desgaste? Sí. ¿Temor al desafío? En absoluto. Hoy este Central camina más con el ánimo en la mano que con el fútbol pero camina. Y lo hace con firmeza, por eso ya el miércoles tendrá que salir nuevamente a escena para que de los tres partidos que le quedan para lograr el título sean sólo dos. Un triunfo sufrido, resuelto recién en el final, pero merecido.
Central no empezó de la mejor manera
No le fácil a Central tener ritmo, mucho menos juego. Desde el arranque se divisó un equipo partido, de paso cansino, pero sobre todo sin conducción. Y con falta de cambio de ritmo también, situación compleja. Enzo Giménez no hallaba la posición, Di María no engranaba y Copetti lo único que hacía era correr a todos.
Aun con esas falencias, el Canalla pudo empezar a manejar los hilos, pero sin la profundidad necesaria. Di María lo tuvo en ese zapatazo de aire tras el centro de Copetti, pero le dio de manera defectuosa.
Ahí, cuando el partido se armó para el Canalla, apareció una ráfaga con algo más de enjundia. Copetti tuvo una de cabeza, después un centro desde la derecha para Sández y también una clarísima. Gran pase de Coronel para el 22, que llegó mano a mano con Rey.
De la buena chance, a sufrir
Eligió el tiro bajo ante la salida del arquero y perdió el duelo. Una chance increíble que parecía despertar a un equipo hasta ahí adormecido, pero no sólo no sucedió, sino que el que despertó fue Independiente.
Es que Ledesma tapó una gran pelota en el primer palo frente al remate de Abaldo y minutos después llegó ese desborde de Gutiérrez, el centro y el pase a la red de Ávalos, frente al quedo de todos en el fondo.
Con mucho tiempo por delante, el “moverte, canalla movete” no tardó en aparecer. Pero el equipo siguió transitando esa medianía y esa previsibilidad que era presa fácil para el Rojo.
La magia que apareció de Angelito
Hacía falta algo distinto y ese toque lo tuvo Di María en sus pies, con esa diagonal hacia el centro y una definición increíble para levantar a un Gigante que exigía más, para ir a marchar al descanso habiéndose repuesto de la desventaja.
Adentro Cantizano, cambio de esquema (4-3-3) y a buscar nuevamente. Esa búsqueda fue más efectiva. Porque fue definitivamente Central el equipo que se puso el partido al hombro, con aciertos y errores, pero convencido de que quería resolverlo ya en los 90. Y mucho de ese crecimiento se empezó a notar cada vez que Cantizano encaraba por izquierda.
Igual, el resto ya acompañaba mejor. Di María se recostó sobre la derecha y desde ahí buscó el desequilibrio. Asistió a Copetti, pero la media vuelta del delantero fue a las manos de Rey. Enfrente, Independiente de a poco comenzó a bajar los brazos, a ir en busca del partido largo.
Cuando al fin copó la parada
Por eso Central le copó la parada. Pero claro, el partido había que resolverlo y el Canalla lo hizo recién en el final, en ese centro de Coronel al que Cantizano le prendió cartucho y en esa gran corrida de Cantizano que terminó con la asistencia a Verón y el gol del juvenil.
A esa altura el Gigante era una fiesta, con un equipo que tras el gol de Cantizano había tomado los recaudos necesarios (había ingresado Quintana), pero que llegó a ese final del encuentro envuelto en el mejor ropaje al que podía echar mano, el del protagonismo.
Al Canalla este paso no le resultó sencillo, de hecho le costó bastante, pero el paso finalmente lo dio. Y más que un paso fue un salto. A cuartos de final con la ilusión a cuestas de llegar al mejor destino, el de una nueva estrella.

