La suba del dólar y la incertidumbre económica abre la puerta para que los activos del país sean rematados a precio de oferta en el Mundo.
En la crisis de 1890 la banca londinense -fuertemente golpeada por el default argentino- comenzó a presionar por la entrega de las tierras de la pampa húmeda, hipotecadas en distintas entidades financieras. Carlos Pellegrinimaniobró entonces apoyos estadounidenses y fundó el Banco de la Nación, que concentró todas las hipotecas vencidas. Se había salvado la burguesía autóctona durante varias décadas.
La segunda ofensiva extranjerizante de los activos argentinos vino de la mano del capital industrial norteamericano y europeo. Fue la etapa «desarrollista» inaugurada tras el derrocamiento de Perón en 1955, en la que numerosas empresas trasnacionales de alimentos, laboratorios, químicas, automotrices y bancos llegaron al país comprando establecimientos locales a fin de apropiarse del dinámico mercado interno legado por el primer peronismo. La puja entre el capital nacional y el capital extranjero surcaría las tres décadas posteriores,asumiendo las formas globalizadas de grupos empresarios diversificadosdespués de la violenta reestructuración anti-industrial de la dictadura cívico-militar.
El tercer ataque desnacionalizador llegaría con el Consenso de Washington a principios de los 90’, pero esta vez el objetivo lo constituirían las empresas públicas poseedoras de la energía, el transporte, las comunicaciones y la inversión en infraestructura en su conjunto. Los grupos económicos nacionales fueron derrotados al fracasar el Plan Bunge & Born de 1989 al inicio del gobierno de Menem y cedieron frente a la ola compradora de activos estatales y también privados, llevada a cabo por empresas europeas -predominantemente españolas- que buscaban escala en la región frente al cambio de reglas que implicaba la entrada en vigencia de los tratados de la Unión Europea.
