El sistema busca financiar “la demanda” por sobre “la oferta” reduciendo la educación a un mecanismo de mercado. Milei planteó que este modelo busca generar “una competencia entre instituciones” para mejorar los niveles educativos, pero las experiencias dicen lo contrario. El análisis del caso sueco tras 30 años de este sistema.
Cuando el candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, presentó su plataforma para estas elecciones 2023, una de las propuestas que generó más rechazo y debate fue la educativa: cada uno se financia su educación con un sistema de vouchers, es decir, cheques educativos. La metodología fue desarrollada en diferentes países del mundo, entre ellos, Suecia, donde la educación tuvo un importante retroceso.
Por eso, sindicatos educativos ya adelantaron su rechazó este modelo que reduce a la educación a un mecanismo de mercado de “oferta y demanda”. Eduardo López, secretario general adjunto de UTE-CTERA, subrayó este sistema «fracasó en el mundo» y mencionó que «caen en las mediciones de las pruebas estandarizadas PISA aquellos paises que utilizan el sistema de vouchers».
El programa de Milei que fusionará los ministerios de Desarrollo Social, Salud y Educación con el objetivo de “elaborar políticas públicas transversales a estas áreas”, incluye un sistema de vouchers educativos que buscará “descentralizar la educación entregando el presupuesto a los padres”, en vez de financiar las escuelas a través del ministerio. De esta forma, argumentó en su plataforma, se financiará a la demanda buscando generar una “competencia entre las instituciones educativas desde lo curricular en todos los niveles de educación, incorporando más horas de materias como matemática, lengua, ciencias y tic, o por la orientación y/o la infraestructura”.
