Las primeras víctimas del azar criminal
El doble crimen que inauguró la variante mafiosa de matar a cualquiera para dejar un mensaje. Fiscalía pide prisión perpetua para René Ungaro y tres cómplices

Los asesinatos de Claudia Del Debbio y de Virginia Ferreyra, el 23 de julio de 2022, rompieron el límite de lo que hasta entonces se suponía que era capaz de hacer el hampa en Rosario. Homicidios salvajes y crueles hubo siempre, pero nunca el crimen organizado se había cobrado adrede la vida de personas ajenas a sus negocios. Este caso bisagra en la historiografía criminal de la ciudad se empezó a ventilar desde ayer en juicio oral y público, y ya con el pedido del fiscal Patricio Salduti para que el tribunal condene a prisión perpetua a los cuatro imputados: René Ungaro (38 años), Nicolás Martínez (31), Fernando Cortez (47) y su hijo Lautaro Cortez (22).
Con esta asistente escolar de 58 años, y su hija bailarina y profesora de danzas, de 32, se inauguró el capítulo más temible de la ola de violencia urbana que Rosario conoce desde hace algo más de una década. Porque, de acuerdo a la investigación de Fiscalía –además de Saldutti, ayudan Adrián Spelta y Franco Carbone–, Ungaro encargó esa feroz balacera para escarmentar a un grupo rebelde que osaba vender drogas sin su permiso en la torre 11 del Fonavi del Parque del Mercado, en Isola y Maestros Santafesinos.
Ayer los cuatro imputados siguieron la audiencia por teleconferencia desde sus lugares de reclusión, y lucieron imperturbables mientras escucharon la exposición del fiscal Saldutti.
Ungaro en aquel año estaba detenido en el penal de Ezeiza, purgando condena por participar en 2010 del asesinato de Roberto “Pimpi” Caminos, legendario jefe de la barra brava de Newell’s. Él le encomendó a otro preso, Nicolás “Cara de burro” Martínez, que organizara esa masacre. Este, detenido en la Unidad Penitenciaria Nº1 de Coronda, fue el que contactó a las personas del barrio que aceptarían cumplir con el encargo. Dos de esos –siempre según la hipótesis fiscal– fueron los Cortez, padre e hijo. Faltan otros dos, quizás tres, no identificados y que lograron escapar a tiempo.
Un dato a destacar: ni Ungaro ni Martínez tuvieron inconvenientes en llamar por teléfono desde sus lugares de prisión para consumar el plan criminal.
Aquel domingo, Virginia Ferreyra había ido a visitar a su madre, vecina de uno de los departamentos del populoso Fonavi del barrio Grandoli, frente a la plaza Rodolfo Walsh. Ella misma había crecido allí, pero se había mudado al centro y siempre volvía de visita.
Claudia acompañó a su hija a tomar el colectivo en la parada de la plaza. Eran las siete del anochecer, cuando llegó por calle Isola un Peugeot 308 con 4 o 5 personas dentro. Al menos dos descendieron y descargaron por lo menos 20 disparos de pistolas calibre 9 milímetros y 40. Ora contra la torre 11 del Fonavi, y en particular contra cierta ventana donde vendían los rebeldes a Ungaro, ora contra la parada de colectivos.
Claudia y Virginia no tuvieron tiempo a reaccionar ni cubrirse. Los balazos acertaron en la cabeza, el tórax, la espalda, piernas y brazos de Del Debbio; y a Virginia, en el tórax, el vientre, ingle y ambos brazos.
Claudia Del Debbio murió en el acto. Virginia agonizó en el Hospital Clemente Álvarez hasta el 24 de setiembre, y falleció. Un chico de 14 años que estaba detrás de la parada, sentado en un banco de la plaza, recibió un balazo en una pierna. Sobrevivió.
En Rosario casi no se hablaba de otra cosa. El caso había causado conmoción, y cobrado repercusión nacional. Ese año, con 287 asesinatos, fue el más sangriento para la ciudad y sus alrededores.
Los asesinos volvieron al auto, con Fernando Cortez al volante, y escaparon por Maestros Santafesinos hacia el sur. La investigación avanzó hasta el 8 de setiembre de ese año, con la captura de los Cortez en Abanderado Grandoli y Sánchez de Thompson, el mismo barrio de monoblocks, pero en el otro extremo. Luego, le cayó la imputación a Ungaro y Martínez, que ya estaban en prisión.
Crímenes con mensaje
Ayer, después de la audiencia inicial del juicio, el fiscal Saldutti comentó la conclusión saliente del caso: “Este fue el primero o uno de los más resonantes primeros crímenes en donde encontramos a víctimas completamente ajenas e inocentes a cualquier tipo de conflictos”.
Luego de eso sobrevinieron otros casos estridentes de asesinatos al voleo y con mensajes mafiosos entre bandas o contra el gobierno provincial, como el secuestro del músico y malabarista Jimy Altamirano, ejecutado en la puerta del estadio de Newell’s, y la saga de la primera semana de marzo de 2024, cuando les tocó la muerte a los taxistas Héctor Figueroa y Diego Celentano, al colectivero Marcos Daloia, y al playero de estación de servicios, Bruno Bussanich.
“El motivo (para ejecutar el ataque) era adoctrinar el barrio y adoctrinar especialmente a esa torre que históricamente le respondía históricamente a él (a Ungaro) y en los últimos tiempos estaba cambiando esa situación”, señaló Saldutti.
“Incluso por un control de vecinos que que pretendían volver a tomar el control de la torre para poder vivir en paz”, agregó. El comentario alude a un proyecto de rescate del barrio que realizaba un equipo de agentes municipales con el vecindario. Pero también estaba ese grupo de dealers que había desafiado la autoridad de Ungaro, un apellido de peso histórico en las inmediaciones del Parque del Mercado. René, alias “El Brujo”, es hijo del Bola Ungaro, un viejo pirata del asfalto de hace décadas. Sus hermanos: Lelio, también con prontuario abierto, y Daniela, involucrada en causas narco, ex pareja de Luis Medina, un oscuro empresario asesinado el 29 de diciembre de 2013 en el Acceso Sur.
Saldutti tipificó el caso como “dos hechos de homicidio doblemente calificado por precio o promesa remuneratoria y por el concurso premeditado de personas, agravado por uso de armas de fuego”. Para los cuatro solicitó prisión perpetua.
Se estima que el juicio transcurra en las próximas dos semanas, con el desfile de múltiples testigos que abonarán las evidencias colectadas por Fiscalía.
Además de los crímenes de Del Debbio y Ferreyra, en este juicio se suman otros dos delitos: un intento de homicidio a otras dos personas en Sorrento y Esteco, zona norte, en julio de 2022; y una balacera contra el Centro Municipal de Distrito Sur, en Uriburu al 600, en setiembre de ese año. Fue aquel atentado que trascendió porque una cámara reveló que el pistolero había llegado, y luego marchado, en bicicleta para apretar el gatillo con normalidad. Los fiscales creen que el autor de ese ataque mafioso era Fernando Cortez.
Si bien en este caso “no hay prueba directa” de que las órdenes salieran desde una cárcel, el fiscal sostuvo que existen indicios y que la teoría de la acusación apunta a que la planificación se realizó entre internos de distintos penales.
