Pena de 15 años causó decepción
La madre del joven asesinado por Antonella Ortíz consideró que «la justicia lo volvió a matar». Su querella pedía 33 años.

“Estoy totalmente decepcionada de los jueces. El fiscal pedía 22 años. Yo como mamá de Maximiliano con los abogados pedíamos 33. Hoy volvieron a destruirle la vida. Antonella Celeste Ortiz volvió a matar a mi hijo hoy. La justicia lo volvió a matar”, dijo Luisa Pourpour, madre de Maxi Lucero en una entrevista con el programa Trascendental por LT8, tras el fallo que condenó a 15 años de prisión a la policía Antonella Ortiz, quien en medio de una discusión entre el hombre y su pareja en la puerta de su casa, sacó su arma reglamentaria y desde cinco metros de distancia le asestó un disparo mortal a Lucero en medio de los ojos. La policía tenía diez años de experiencia en la fuerza y era experta tiradora, pero estaba en su domicilio con carpeta médica. La madre de la víctima dijo que seguirá adelante en las instancias de apelación con su reclamo. “Hoy me voy de acá con las manos más vacías que nunca porque 15 años no es nada”, dijo Pourpour.
«La sensación es de enojo con los jueces, es una pena muy baja. Vamos a apelar. Lo bueno y rescatable es que los jueces le dieron una prisión en cárcel común sin ningún beneficio», explicó la mujer.
«Queríamos una pena que marque un precedente. No creo que el gatillo fácil se termine ni la violencia institucional policial. Lo que Antonella Celeste Ortiz hizo es fusilar a mi hijo de un tiro en el medio de los ojos, porque la discusión no era con ella, de última era con su pareja. Hoy otra vez volvieron a matar a Maximiliano» repitió Pourpour al tiempo que confesaba que «de la policía no espero nada bueno, y ahora de los jueces. Ya ahora no sé qué hacer».
La madre de Maximiliano recordó que a las 11.30 de aquel día le avisó una vecina que habían baleado a Maxi: “Cuando llego al lugar, mi hijo estaba agonizando. Agonizó una hora tirado como un perro. Al reclamar que pidieran una ambulancia, que lo asistieran, me dijeron que no, dejalo que se muera, negro villero, es hijo de una ‘paridora’. Nosotras somos paridoras y ellos gozan de matarnos a nuestros hijos. No sé si el uniforme o el arma, hay algo que les da poder”, concluyó Pourpour.
La pena fue inferior a la que reclamaban las partes. El fiscal Lisandro Artacho había pedido 22 años de prisión. A ese pedido adhirió el querellante Agustín Genera, representante de uno de los hijos de la víctima. Otra querella, ejercida por Federico Garat y Marcia López en representación de Luisa, pedía la pena prevista para ese delito, de 33 años y 4 meses, al resaltar que “el disparo fue realizado en forma certera” desde el interior de la casa de Ortiz, que “nunca hubo peligro para nadie” dentro de la vivienda y que empleada actuó “aprovechando la situación de indefensión de la víctima”, en abuso de la función pública y con dando un uso indebido al arma reglamentaria.
La desazón ganó no solo los pasillos del Centro de Justicia Penal sino también el exterior ayer al mediodía cuando los jueces se disponían a leer el fallo, aunque sin los argumentos, como es de estilo.
La pena la dio a conocer el tribunal integrado por los jueces de Primera Instancia Trinidad Chiabrera, Silvana Lamas González y Carlos Leiva, en el Centro de Justicia Penal de Rosario.
Lucero tenía 33 años, trabajaba en una hamburguesería y era padre de dos hijas y un nene de 7 años. El asesinato ocurrió el 7 de septiembre de 2022 al mediodía en la cuadra de Matheu 3441. Hasta ese lugar llegó la víctima caminando, ya que vivía a dos cuadras y media. Desde la calle llamó a la pareja de Ortiz, conocido como El Pelado, para que saliera a saldar una deuda que tenía con él. Al parecer, por la venta de una garrafa. Este hombre se asomó al umbral y le gritó que se fuera después de advertirle que “no sabía con quién se estaba metiendo”.
Según afirmó el fiscal, Lucero arrojó un piedrazo a la puerta de la propiedad. Después de eso, Ortiz, que estaba adentro, tomó su arma, abrió la puerta y sin mediar palabra le dio un balazo en la frente a Maximiliano, que murió en el acto.
Después de tirar, la oficial intentó desviar la investigación. Al principio, señaló que su pareja era quien había disparado, pero luego admitió haber sido quien apretó el gatillo, aunque dijo que había sido en defensa de una agresión que no había ocurrido.
