Opinión

Cuarentena, anomia y política

Claves. La provincia, y particularmente Rosario, sufren el peor momento desde el inicio de la pandemia. Mal clima político que advierte sobre la relación en Santa Fe entre oficialismo y oposición.

 

Podría revisitarse lo que supo decir Charly García como generalidad, y aplicarlo a la pandemia y la cuarentena: «La entrada es gratis, la salida vemos».

Es de una notable verosimilitud ahora, cuando hasta el presidente de la Nación quiere que no se hable de la palabra «cuarentena», porque, tras haberla usado como a un mantel, ahora le quita popularidad ante la sociedad. Lo dicho: no hay un Winston Churchill ni por asomo en este país.

Los gobernantes prefieren ahora dar un paso al costado de las decisiones restrictivas que tomaron cuando hacer ese movimiento traía buenas respuestas de la gente. Nadie puede explicar con razón por qué cuando no había muertos por la pandemia los gobernantes apostaban a concientizar a la gente y a disponer cuarentenas estrictas y, ahora, cuando la peste se va para arriba como el Tren a las Nubes, todos están afuera. Y el presidente asegura: «La cuarentena no existe más».

Ninguno de los que gobiernan quiere dejar de ser políticamente correcto y alinearse con una teoría de Carlos Nino, un brillante jurista e intelectual que habló y escribió sobre una de las particularidades de los argentinos: la anomia boba. El entonces asesor de Raúl Alfonsín creía que un país era democrático, según el cumplimiento de las normas.

El lobo está acá

El lector que está leyendo esta columna habrá observado a cada paso el desprecio por el sentido común, las normas no escritas y el aislamiento de parte de un montón de ciudadanos que se pasean por las calles. Rosario está en el peor momento de la pandemia. El lobo finalmente está acá.

Dicho esto, cabe referenciar que los días de cuarentena, producto de la pandemia, generaron inconvenientes tremendos en la economía, y que un gran sector de la sociedad si no trabaja no puede vivir dignamente, en el mejor de los casos. Eso se sabe. Y no se trata de que salud y economía jueguen un ping pong.

Se trata, por ejemplo, de que el Estado tome medidas cuando la «anomia boba» que citaba Nino se lanza a las calles sin respeto por el otro. El gobierno de Fernández habla mucho, pero tomó pocas medidas contra las inconductas. Pero eso fue antes. A Fernández lo corrieron los anticuarentena hasta tener que decir que eso «no existe más». Ay, Fernández.

Hay un deseo de la política de apurar los tiempos del Covid-19, como si lo pudieran manejar por control remoto. Ya son casos testigo los infectólogos haciendo pronósticos totalmente errados.

Uno de estos invitados permanentes a los programas de panelistas dijo hace 25 días: «Desde mañana empieza a descender la curva de muertos y contagiados». Desde ese día los números trágicos no pararon de subir. No hay que echarle la culpa de todos los males de este país solamente a los políticos.

Zona roja

En Santa Fe, Omar Perotti y Pablo Javkin deberán extremar los cuidados profundizar las tareas en común y tomar decisiones antipopulares si la emergencia y la coyuntura lo exigieran. El aumento de los casos ha sido explicado por las propias autoridades de Salud. Leonardo Caruana, eficaz secretario de Salud, lo puso en palabras: «En Rosario, es el momento más crítico». A actuar en consecuencia, entonces.

A la par de la peste, y al margen de la excelente relación Perotti-Javkin, se inauguró un modo de hacer política que parecía solo atribuible a otros Estados: los carpetazos y la connivencia entre ámbitos judiciales y el delito. Es muy complicada la realidad santafesina al margen de la pandemia. No hay ningún tipo de afecto societattis entre gobierno y oposición.

Lo que mal empieza, mal acaba

Lo que empezó en la transición como un jueguito de guerra termina con fiscales presos, fotos que circulan más rápido que el Covid-19 y audios que dejan más tela para cortar que las inauguradas por el ministro de Seguridad, Marcelo Saín.

Al margen de las internas tradicionales que existen en todos los gobiernos, y en el actual no es la excepción, ahora el aire se corta en filetes.

Está claro que los personajes en cuestión (Patricio Serjal y Gustavo Ponce Asahad) no se convirtieron en fiscales por la acción de un repollo. En el primero de los casos, nadie votó en contra, solo se abstuvieron algunos socialistas díscolos (poquitos), cuatro peronistas y la izquierda.

Respecto de Ponce Asahad, sólo tuvo 15 votos a favor, provenientes del PJ, y las abstenciones fueron del socialismo y algunos peronistas con buena información. Elegir un fiscal no es como elegir una tarta en una tartería. De las acciones de los fiscales depende la libertad. el patrimonio y la honra de las personas.

Por si algo le faltaba a estas historias de olor fétido, se produjo la detención de un ex funcionario de Seguridad del Frente Progresista, Agustín Andereggen, en una causa que investiga los ataques a un kinesiólogo rafaelino para cobrarle una deuda millonaria en dólares vinculada con el juego clandestino.

Esta semana, Saín hizo declaraciones trascendentes en una entrevista con Clarín y, respecto del juego clandestino, avanzó en que «quizás hay participación de algún dirigente político, funcionario o legislador». Cuando se le preguntó sobre complicidad política con el delito, Saín respondió: «La política va desde la vista gorda, porque no quiere problemas, hasta la connivencia directa».

No lo dijo un sociólogo con pretensiones mediáticas ni un periodista, lo mensuró el ministro de Seguridad de la provincia.

Por Mauricio Maronna

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