La permanencia en el empleo privado registrado cayó a su nivel más bajo en una década y 8 de cada 10 desocupados que consiguieron trabajo este año lo hicieron en la informalidad.

La destrucción de puestos de trabajo privados registrados no es la única señal del deterioro actual del mercado laboral. El dato más preocupante es que, bajo el actual modelo económico, cada vez cuesta más entrar al empleo formal y también permanecer en él: la fragilidad laboral alcanzó su nivel más alto de la última década y 8 de cada 10 desocupados que consiguieron trabajo este año lo hicieron en la informalidad.
Los números oficiales muestran la magnitud del cambio, ya que de cada 100 asalariados privados registrados en el primer trimestre de 2025, solo 76 continuaron en esa condición un año después, un nivel incluso peor que el registrado durante la crisis de 2018-2019. Al mismo tiempo, entre los desocupados de 2024-2025 que consiguieron trabajo durante 2026, apenas 2 de cada 10 ingresaron al mercado formal.
Así, el problema ya no es solamente cuántos empleos registrados se destruyen, sino qué tipo de trabajo aparece en su reemplazo. Mientras la permanencia en el empleo formal cae a un mínimo de la última década, la informalidad alcanza una participación récord entre los asalariados de los últimos veinte años, en un mercado laboral que muestra cada vez más dificultades para generar puestos de calidad incluso cuando la actividad económica crece.
Récord de empleo, pero informal
La destrucción de puestos de trabajo ya no es novedad: entre noviembre de 2023 y abril de 2026, se destruyeron más de 235.000 empleos asalariados del sector privado registrado (-3,7%), según datos de la Secretaría de Trabajo. Para dimensionar, esta contracción supera incluso a la observada durante la crisis de 2018-2019 (-2,7% entre mayo de 2018 y julio de 2019). A esto se sumó en el mismo lapso la pérdida de más de 70.000 empleos públicos (-2,1%) y de empleos de casas particulares (más de 20.000 puestos; -4,5%). De hecho, solo creció el monotributo (+150.000).
Sin embargo, la novedad de este modelo económico respecto de momentos previos radica en que, incluso con crecimiento de la actividad a nivel agregado, la destrucción de puestos de trabajo formales no solo persiste, sino que además se acelera. Un dato grafica esta realidad: la fragilidad del mercado de trabajo está en máximos de la última década.
En ese sentido, los números son concluyentes: la probabilidad de que un “asalariado privado registrado” permanezca en el mismo lugar luego de doce meses es la más baja de la última década (de cada 100 asalariados privados observados en el primer trimestre de 2025, sólo 76 permanecieron en esa condición un año después). Para dimensionar, en 2024-2025 este número llegaba al 80, en tanto que en 2018-2019, anterior pico de fragilidad, se ubicaba en 79.
Ahora bien, otro interrogante clave radica en qué pasa con esa mayor cantidad de trabajadores que pierden su lugar en el mercado de trabajo registrado. Las propias cifras oficiales evidenciaron que 1 de cada 2 trabajadores que quedaron desocupados entre 2024-2025 (primeros dos años de gestión libertaria) tuvo algún tipo de empleo en lo que va de 2026 para intentar subsistir; sin embargo, el 80% lo hizo en el mercado informal, por lo que solo el 20% logró insertarse en el mercado registrado.
En contraste, en 2018-2019, el porcentaje de asalariados privados registrados que deterioraba su situación —pasaba a una peor modalidad de contratación— era menor al 50%: el problema, entonces, no es solo la mayor destrucción de puestos a nivel agregado, sino que también se verifica una precarización más acelerada.
La transformación también se reflejó en la composición del empleo total. Entre el primer trimestre de 2024 y el arranque de 2026, la participación del empleo asalariado registrado privado descendió de 32,4% a 30,5% sobre el total de ocupados. En paralelo, el peso de los asalariados informales trepó de 26,4% a 27,2%, mientras que el trabajo por cuenta propia pasó del 25% al 28%.
“El resultado es que los asalariados informales representan un máximo del total de asalariados para los últimos veinte años, con perspectivas a seguir creciendo en lugar de moderarse”, señaló un documento de la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia que procesó los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). Los especialistas aseguraron que ese incremento de la informalidad impactó en la desocupación que, contrario a lo que dice el Gobierno no bajó, aunque creció menos de lo esperado: “Si la informalización del mercado de trabajo hubiera sido menor, la desocupación habría subido de manera más acelerada (+0,9 p.p. en los últimos tres años: de 6,9% en el primer trimestre de 2023 a 7,8% en entre enero y marzo de 2026)”, agregaron.
En el mismo sentido, el incremento de la tasa de actividad (de 48,3% a 48,6% en los últimos tres años) que no estuvo acompañado de una suba de la tasa de empleo formal ni de una mejora del poder adquisitivo, es consecuencia directa del deterioro sostenido de los ingresos y la necesidad de sumar fuentes de ingresos para subsistir.
Qué esperar para el mercado interno
La mayor precarización del empleo no es solo un problema para quienes tienen condiciones más inestables o reciben menos ingresos, y por tanto pueden consumir menos, sino que también lo es para aquellos que producen y venden al mercado interno, y que, resultado de la caída generalizada del poder adquisitivo, enfrentan también una crisis sostenida.
“Es difícil entender de dónde podría salir un rebote del consumo en este contexto”, analizaron en ese sentido desde el Banco Provincia, considerando que la pérdida de poder adquisitivo acentuó el retroceso de la demanda interna.
A su vez, el ajuste del gasto público y el retroceso del crédito a las familias (que se encuentra igualmente muy limitado por la mora récord) tampoco parecen ser alternativas para potenciales mejoras del nivel de ventas. Por último, en este escenario, los economistas consideraron que “pensando hacia adelante, un mercado interno estancado parece un escenario optimista”.

