La apertura importadora, el atraso cambiario y el ajuste fiscal configuran una economía con pocos ganadores: finanzas, commodities e importadores de bienes finales. La velocidad de destrucción es inédita en comparación con otros planes de ajuste aplicados en Argentina.

Locales comerciales de rubros diversos y unidades productivas de varios sectores reducen su actividad o directamente cierran. La velocidad de destrucción en este ciclo político es impactante. La debacle es de intensidad superior a la registrada, con una política económica similar, en la dictadura, el menemismo y el macrismo.
El discurso oficialista culpa a empresarios y comerciantes por ineficientes y, por eso, ese destino de penurias y frustración es el que se merecen. No pocas víctimas creen ese postulado e incluso lo justifican, con un aval político a los verdugos. De este modo, muestran que son doblemente víctimas: por una política económica que los desprecia y por un dispositivo de construcción de sentido que los termina alienando.
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Es un proceso social parecido al que se puede identificar en trabajadores que, en algunas ocasiones, van en contra de sus propios intereses cuando legitiman actores políticos que proponen arrasar con sus derechos. El caso Milei es el actual, pero existen antecedentes recientes que revelan este tipo de comportamiento sociopolítico.
Destrucción de empresas y de empleos
El último informe de Fundar, sobre la base de información de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, destaca que desde que asumió Milei se perdieron 24.180 empresas, un 4,7% del total, hasta enero pasado, el último dato mensual publicado,, pero que habrá continuado en los meses siguienes de acuerdo a los reportes de quiebras y cierres de locales e industrias. La velocidad de la destrucción queda expuesta con lo siguiente: el de enero es el peor registro en los primeros 26 meses de un gobierno en este siglo, 14 de los 19 sectores descendieron y 23 de las 24 provincias muestran una caída en este período. La única provincia que aumentó la cantidad de empresas fue Neuquén (1,5%).
En el mismo lapso, la cantidad de trabajadores/as registrados/as en unidades productivas se redujo un 3%, lo que representa una pérdida de 290.123 puestos de trabajo, de acuerdo con el relevamiento realizado, sobre la base de datos oficiales, por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Esta caída refleja una combinación de factores:
- La eliminación de subsidios.
- La flexibilización laboral.
- La menor inversión en sectores tradicionales.
- El traslado de trabajadores al empleo informal.
Los economistas de CEPA explican que “más allá de la cantidad, también implica un deterioro en la calidad del empleo, afectando salarios, beneficios y la estabilidad laboral de amplios sectores de la población”.
El saldo es todavía más negativo si al empleo en las unidades productivas —industria, comercio y servicios— se suman las trabajadoras de casas particulares: el empleo privado registrado descendió, entonces, en 317.179 personas en poco más de dos años.
Las importaciones reemplazan producción nacional
Un indicador que permite identificar este ciclo político como el que más rápido demolió el entramado socioproductivo es el grado de apertura comercial, con importaciones desplazando producción nacional. La gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia detalló en su último informe semanal que la participación de las importaciones de bienes finales (bienes de consumo y vehículos livianos) representó el 24,5% de la canasta importadora en los últimos doce meses.
Este porcentaje quedó por encima del promedio de 1993-2001 (+22,8%) y del período 2016-2019 (22,7%). O sea, con Milei las importaciones que desplazan producción nacional son más elevadas que las contabilizadas durante la apertura de la convertibilidad y el gobierno de Macri. No hay ninguna señal oficial de que vaya a cambiar esta tendencia; por el contrario, los funcionarios la festejan y publicitan que van a profundizarla.
Otro indicador de la deliberada estrategia liberal-libertaria de desmantelamiento de la producción nacional refiere a que las compras al exterior de bienes finales subieron 80% entre 2023 y 2025, en tanto que las de insumos productivos (bienes intermedios y piezas y accesorios para bienes de capital) se redujeron 25%.
La velocidad de destrucción es dramática en términos de la estabilidad socioeconómica, y también política. El registro de la actividad económica de febrero, según el INDEC, es desolador.
La economía cayó 2,6% en febrero, según los datos de INDEC: la séptima mayor caída para un mes desde 2004 o la quinta si se excluye marzo y abril de 2020 afectados por la pandemia. Los registros anteriores fueron diciembre de 2008 (-4,0%), abril de 2018 (-2,9%), septiembre de 2019 (-2,9%) y diciembre de 2023 (-2,6%). “Así, el retroceso de febrero de 2026 se pareció al impacto de la crisis financiera global y a meses de posdevaluación y ajuste fiscal”, evalúa el reporte del Provincia.
Caputo distrae y Milei fabula sobre la economía
Cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, promete que los próximos 18 meses serán los mejores de la historia se entiende solo porque su misión es la de crear expectativas positivas, con la esquiva esperanza de que pueda revertirse la tendencia o, al menos, morigerar el retroceso. Es su tarea como líder de un equipo económico: intervenir sobre el humor económico, aunque se sabe que él no desconoce las restricciones existentes para que se produzca un rebote robusto de la actividad.
En cambio, cuando el presidente Javier Milei hace lo mismo aparece la duda acerca de si lo intenta como estrategia política de convencimiento a los agentes económicos, o si realmente cree que el panorama inmediato será próspero. Por los desbordes discursivos y conceptuales que ha mostrado últimamente da la impresión de que la segunda opción es la más probable, lo que implica un riesgo adicional para las perspectivas económicas de corto plazo.
Si el diagnóstico sobre lo que está pasando es equivocado, las medidas elegidas serán inútiles para revertir el ciclo económico negativo.
Los economistas del Provincia aseguran que la apreciación cambiaria y la flexibilización importadora son los dos grandes responsables del deterioro del nivel de actividad: aquellos rubros donde la competencia externa es menor por las propias condiciones de mercado mostraron un mejor desempeño que los rubros transables.
Mientras que en la industria textil es “fácil” reemplazar una remera local por otra importada, en la provisión de hoteles y restaurantes o servicios de transporte y comunicaciones es prácticamente imposible.
¿La economía podrá salir del pozo libertario?
El reporte plantea el interrogante acerca de si existen chances de revertir la caída de la economía. Se sabe que cuanto más rápida es una caída, más rápido aparece el piso. Esto traducido en cifras muestra, por ejemplo, que en los meses de la pandemia la economía creció 10,7% mensual en mayo de 2020, aunque permanecía 6,7% por debajo de marzo de ese año.
Las reaperturas habían permitido un crecimiento intermensual, que, de todos modos, no alcanzaba para revertir el deterioro anterior. Este análisis traído al 2026 implica que es probable que la economía rebote en los próximos meses, pero seguirá lejos de los niveles anteriores.
El arrastre estadístico de 2026 pasó de +2,2% con el dato de enero a -0,2% con el de febrero, y la economía ya está operando 0,4% por debajo del promedio de 2025. “De esta forma, si la producción no mejora en los próximos meses, el PIB incluso podría caer este año, algo que, unos meses atrás, parecía impensado”, aseguran los especialistas de la gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia.
El último reporte de Vectorial analiza también el pobre desempeño de la economía de Milei, al destacar que en 27 meses de gestión, creció en promedio apenas 0,1% cada mes. Detalla que la utilización de la capacidad instalada cae y la inversión productiva se debilita, en un contexto donde las importaciones vinculadas a la producción retroceden con fuerza, contrastando con el aumento de aquellas destinadas al consumo.
El cuadro se completa con un frente externo robusto —exportaciones en récord y superávit comercial elevado— que, sin embargo, no logra compensar el deterioro del entramado productivo local. “Así, el crecimiento se concentra en sectores de bajo derrame y muestra rendimientos decrecientes, configurando una economía que exporta más pero produce y demanda menos, con riesgos crecientes para la sostenibilidad de la recuperación”, concluye.
El modelo de Milei tiene muy pocos ganadores
La destrucción del entramado productivo y social provocada por el plan de Milei es la consecuencia de un modelo que tiene pocos ganadores: el sector financiero, los exportadores de commodities —agro, petróleo y minerales— y los importadores de bienes finales consolidan posiciones, mientras los sectores orientados al mercado interno colapsan.
Esa asimetría explica la paradoja de una economía que muestra un superávit comercial creciente y, simultáneamente, destruye empleo registrado, comercios e industrias. Existen dos economías que coexisten: una orientada hacia mercados del exterior, concentrada y con muy escaso derrame; y otra que va camino a la ruina a una velocidad impresionante.
El riesgo político que Milei asume conscientemente es que el hundimiento de gran parte de la economía puede provocar un caos social. Cuando la mayoría de las víctimas de este ciclo, pese a acompañar inicialmente a su verdugo, termine de procesar que el problema no era su propia ineficiencia, sino un modelo construido deliberadamente sin ellas, el escenario político que hoy sostiene al gobierno de Milei sufrirá un shock de proporciones.


