“No llego al día 15, lo que más se escucha”
Así lo remarcó Sonia Alesso de testimonios de docentes. Salarios depreciados, ajuste y presión sobre la huelga en un clima social que “cambió de etapa”.

En la antesala del plan nacional de lucha docente convocado para este lunes, la secretaria general de Ctera, Sonia Alesso, analizó el escenario político, social y educativo que atraviesa el país. Ex secretaria general de Amsafe, la dirigente sostiene que el conflicto actual excede lo salarial y se inscribe en una disputa estructural sobre el rol del Estado en la educación pública. En diálogo con Rosario/12, Alesso trazó un diagnóstico crítico sobre las políticas del gobierno de Javier Milei, el impacto del ajuste en las provincias y las condiciones materiales de la docencia en las escuelas. Y ahí cruzó fuertes críticas a la gestión de Maximiliano Pullaro en Santa Fe, y su “disciplinamiento inconstitucional” al pretender disolver la protesta a través del presentismo y el descuento salarial contra el derecho a huelga. “La gente va a pelear igual, ya lo comentan las maestras. Esto ya pasó con Reutemann, al principio desmovilizó hasta que la gente dijo basta. Ya está pasando ahora. Lo primero que se escucha en las salas de maestros es ‘con el sueldo no llego al 15’”, señaló. La exsecretaria de Amsafé, anticipó una fuerte adhesión al paro nacional y movilizaciones en todo el país, con eje en la reapertura de la paritaria nacional docente, la recuperación salarial y el financiamiento educativo. Para la dirigente, el malestar docente se vincula tanto con la pérdida del poder adquisitivo como con la profundización de la crisis social que ingresa diariamente a las aulas.
—¿Cómo analizas el cambio de época en la relación entre el Estado y la educación pública?
—Lo primero que hay que decir es que desde que asumió este gobierno se han visto afectados derechos de los trabajadores y de la educación de manera sistemática. Hubo incumplimiento de la ley de financiamiento educativo, se prorrogó el presupuesto y aun teniendo fondos previstos para el Fondo de Incentivo Docente, infraestructura escolar, jardines y educación técnica, el Estado nacional no los ejecutó. A eso se suma la falta de convocatoria a la paritaria nacional docente y proyectos que, lejos de fortalecer la escuela pública, le quitan la responsabilidad al Estado de garantizar el derecho a la educación.
—¿Cuál es el impacto concreto de esa política?
—El impacto es muy fuerte. Desde febrero de 2025 no se modifica el piso salarial nacional y no se convoca a paritaria. Al mismo tiempo, aparecen proyectos como la llamada “esencialidad educativa”, que en realidad buscan restringir el derecho de huelga, que es constitucional. También circulan borradores de leyes que plantean el corrimiento del Estado y hasta el homeschooling como eje, o sea, que los chicos se eduquen en su casa y bajo responsabilidad de su familia, lo cual en cualquier país del mundo donde se aplicó generó consecuencias educativas negativas. Es un retroceso muy grave en términos históricos.
—¿El conflicto hoy es salarial, político o estructural?
—Es un conflicto general y estructural. Lo salarial es central, pero no es lo único. Cuando uno recorre escuelas en todo el país, la frase que más escucha es “no llego al 15”. El salario promedio ronda los 800 mil pesos, mientras los alquileres y los alimentos aumentan todos los días. Además, un porcentaje muy alto de docentes –mayoritariamente, mujeres– son sostén principal de sus hogares. Eso genera un nivel de angustia y malestar enorme.
—El deterioro social se ve en el aula
—Totalmente. La escuela hoy está atravesada por el hambre, la desocupación, el aumento de la pobreza, situaciones de violencia y consumos problemáticos. Las docentes están poniendo el cuerpo a esa crisis social todos los días. Desde la escuela rural más pequeña hasta las grandes ciudades, la docencia vive la crisis en primera línea, y al mismo tiempo ve deterioradas sus propias condiciones de vida.
—¿Cómo juzgas el rol de las provincias en este escenario?
—El ajuste nacional se traslada a las provincias. Pullaro en Santa Fe lo aplica al pie de la letra con el presentismo, y descuentos por huelga. En estos días el Ministerio está bajando presiones insoportables a supervisores y directores de escuela para que el lunes garanticen el presentismo docente. Hemos escuchado testimonios muy duros: compañeras que van enfermas a trabajar o que se hacen tratamientos médicos fuera de horario para no perder ese plus. Eso es una falta de empatía tremenda y además vulnera derechos laborales básicos. El malestar no lo genera el sindicato: es genuino, nace de una docencia que no aguanta más.
—Pero desde la Casa Gris afirman que el salario docente acá es de los mejores del país.
—¡Mentirosos! La propuesta del gobierno es de 1.047.000 pesos, pero en los diarios dicen 1.350.000 ¿Por qué? Además, la mitad del salario docente va en negro, cada vez más. La realidad es que hoy el salario de Santa Fe, que supo estar entre los tres primeros del país, hoy está en el puesto 10º. Pero no hacemos rankings, decimos que el salario docente debe cubrir la canasta familiar. En muchos casos hay cifras infladas que incluyen sumas en negro, que no integran el salario y perjudican a jubilados y jubiladas. Además, se acható la escala salarial: la diferencia entre quien se inicia y quien termina su carrera es mínima. Eso desincentiva la profesión y se refleja en la baja matrícula de los profesorados. ¿Por qué no hablan de eso… de que cada vez hay menos estudiantes de profesorado?
—¿Cómo interpretas las protestas de Amsafé esta semana en tantas ciudades, pese a la advertencia de descuento salarial?
—Claramente cambió el clima. Hubo un momento inicial donde el ajuste y las presiones impactaron, pero la necesidad y el nivel de desgaste generaron un límite. Cuando la gente se cansa y dice “basta”, la organización crece. Lo estamos viendo en asambleas masivas y movilizaciones en todo el país, incluso enfrentando descuentos salariales. Eso demuestra la magnitud del malestar.
—En perspectiva, ¿cómo comparás este momento con otros conflictos docentes en gobiernos anteriores?
—En los años 90 también hubo ajuste, reformas jubilatorias y conflictos muy duros. Pero la docencia peleó en la calle y conquistó salario en blanco, paritarias y leyes que fueron ejemplo en el país. La historia demuestra que los derechos se consiguieron luchando: la Marcha Blanca, la Carpa Blanca y tantas movilizaciones. Tengo mucha confianza en las maestras y maestros porque los he visto pelear en las peores circunstancias y conquistar derechos. El 2 hay paro nacional y movilizaciones en todo el país. Marchamos por la convocatoria a la paritaria nacional docente, el aumento salarial, el no al recorte jubilatorio, más inversión educativa y una nueva ley de financiamiento educativo. La consigna es clara: defender la educación pública y las condiciones de trabajo de quienes todos los días sostienen la escuela en la Argentina.
