Gremiales

La tragedia social de Euro en Villa Gobernador Gálvez

Olla popular en la fábrica tomada

Sin salarios desde hace meses y con la planta paralizada, los trabajadores sobreviven gracias a la solidaridad popular.

Desde fines de octubre, la planta del frigorífico Euro está totalmente paralizada. (Imagen Web)

La postal es dura y, al mismo tiempo, reveladora de la época. En la puerta del frigorífico Euro, sobre avenida San Diego al 1900, en Villa Gobernador Gálvez, el humo de una olla popular empezará a elevarse este miércoles desde las 19 como un gesto elemental y urgente: cocinar para que otras familias puedan comer.

Será una respuesta comunitaria frente a un conflicto laboral que lleva meses sin solución y que empujó a trabajadores y trabajadoras a vivir dentro de la fábrica cerrada para no quedar en la calle.

Desde fines de octubre la planta está completamente paralizada. No hay faena, no hay producción y, sobre todo, no hay salarios. Un puñado de empleados, con sus parejas, hijos e hijas, permanece dentro del frigorífico como última alternativa frente a los alquileres impagos, las deudas acumuladas y la ausencia total de ingresos.

Pero en total son 150 personas las que perdieron su trabajo y no cobran nada desde noviembre. La toma del establecimiento, explican, no es una medida de presión clásica sino una forma de subsistencia y de resguardo ante un posible vaciamiento de la empresa.

“La gente cree que estamos acá por capricho, pero la verdad es que no tenemos a dónde ir. Hace más de tres meses que no cobramos un peso y nadie da la cara”, explicó Hugo Carril, delegado gremial del frigorífico Euro, en diálogo con Rosario/12.

Este obrero de la Carne describió una situación límite: “Hay compañeros que perdieron la casa, otros que no pueden comprar los remedios, y familias enteras durmiendo en oficinas o en sectores de la planta porque afuera no tienen nada”.

La iniciativa de la comida comunitaria surgió desde afuera, de vecinos y organizaciones que tomaron conocimiento del conflicto a través de las redes sociales.

Uriel, uno de los organizadores, contó ayer por Radio 2 cómo nació la propuesta: “Mucha gente nos escribió contando que estaban viviendo ahí en la fábrica y nos pareció importante ir a cocinarles como forma de apoyo”.

La convocatoria es abierta y apela a la colaboración colectiva: quienes se acerquen pueden llevar alimentos como arroz, cebolla, pimiento u otros insumos, o directamente sumarse a cocinar.

“Invitamos a todos los que se quieran sumar. Estamos recibiendo todo tipo de donaciones y también quienes quieran venir a cocinar son bienvenidos”, agregó el muchacho.

Además, quienes deseen colaborar previamente pueden comunicarse al 3416911807 (Fabiana) o aportar dinero a través del alias habilitado para ayudar de manera directa a los trabajadores: EURO-2026.

Mientras la solidaridad se organiza desde abajo, la respuesta empresarial y estatal brilla por su ausencia. Según relatan los trabajadores, los dueños de este frigorífico “tripero” desaparecieron y no cumplieron con los acuerdos firmados en el Ministerio de Trabajo.

El principal accionista es Guillermo Salimei, quien tomó el control de la empresa luego de asociarse y absorber al dueño histórico, la familia Lequio. “Firmaron actas, prometieron pagos y reactivación, y después no aparecieron nunca más. Es un abandono total”, denunció Carril.

“El Ministerio (de Trabajo) mira para otro lado y nosotros seguimos acá, resistiendo como podemos”.

La convivencia forzada dentro de la planta no está exenta de dificultades. Sin ingresos, con servicios limitados y con la incertidumbre diaria como horizonte, las familias intentan sostener una rutina mínima.

“Acá hay chicos que deberían estar pensando en la escuela, no en si mañana van a comer”, señaló el delegado gremial. Y agregó, con crudeza: “Esto no es solo un conflicto laboral, es una emergencia social. Nos están dejando morir de a poco”.

La olla popular de este miércoles busca visibilizar esa emergencia y, al mismo tiempo, reforzar los lazos comunitarios en un contexto donde la desprotección es la norma. Para los trabajadores de Euro, cada plato de comida es también un gesto político: la confirmación de que no están solos, de que hay una red que se activa cuando el mercado y el Estado se retiran.

“Lo único que pedimos es trabajar y cobrar por nuestro trabajo”, resume Carril. “No queremos planes ni limosnas. Queremos que la empresa responda y que las autoridades hagan cumplir la ley. Mientras tanto, agradecemos de corazón a cada vecino que se acerca, porque gracias a eso hoy seguimos de pie”.

En Villa Gobernador Gálvez, la crisis del frigorífico Euro ya no es solo la historia de una empresa quebrada o abandonada. Es el retrato de decenas de familias que resisten puertas adentro y de una comunidad que, frente al hambre y la injusticia, decide organizarse y poner el cuerpo.

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