En seguridad, nunca escupir hacia arriba
Cuatro homicidios en poco más de un día reavivaron el temor en Rosario y pusieron en jaque el relato oficial de pacificación que sostiene el gobierno provincial.

Cuatro asesinatos en poco más de 24 horas en Rosario diluyeron el punto fuerte del relato oficial de la gestión Pullaro acerca de la pacificación conseguida, gratitudes al Plan Bandera y a Patricia Bullrich mediante. Por eso, sobre el final del jueves el Ejecutivo cruzó la agenda informativa local con una especie que buscó copar la parada y mitigar el impacto social y político de esos homicidios, que suman 24 en lo que va del año: la revelación acerca de un supuesto plan criminal para atentar contra la vida del gobernador Maximiliano Pullaro (ver aparte).
La estridencia de la novedad oficial no evitó que se le preguntara ayer al ministro de Seguridad, Pablo Cococcioni, por este aparente recrudecimiento de la violencia urbana y letal en Rosario. Y el funcionario trató de acotar los hechos y ratificó el rumbo del trabajo policial y fiscal desplegado hasta aquí.
Entre la noche del miércoles y la del jueves, se registraron cuatro homicidios en distintos puntos de la ciudad, con modalidades diversas pero un denominador común: la letalidad como respuesta. Los hechos se desplegaron en zonas alejadas entre sí, con perfiles de víctimas distintos y bajo circunstancias que, según la investigación, no responden a un mismo patrón. Sin embargo, la acumulación de asesinatos en un lapso tan breve reinstaló el temor en los barrios y dejó expuesto el alcance de la política de seguridad.
Cada caso deparó modalidades distintas, desde ejecuciones con sello de sicariato hasta un crimen presuntamente vinculado a la delincuencia común por un robo doméstico. La dispersión geográfica y la diversidad de circunstancias complejizan el análisis de los investigadores, que trabajan en cada caso por separado.
Cococcioni buscó llevar calma y relativizó la idea de un rebrote generalizado de la violencia. “Creemos que hay hechos que no tienen un patrón común. Distintos lugares, distintos actores, distintos perfiles de las víctimas”, sostuvo el funcionario, al tiempo que remarcó que todas las causas están en plena investigación.
El ministro también defendió el despliegue de seguridad y el uso de herramientas tecnológicas, como el sistema Lince de videovigilancia con inteligencia artificial. “Nos está permitiendo un grado de esclarecimiento muy superior e inmediato. Creemos que en estos casos vamos a tener los mismos resultados en poco tiempo”, afirmó. En ese sentido, insistió en que “no hay un incremento general de la violencia”, aunque reconoció que la acumulación de hechos en un período tan corto “llama la atención” y obliga a reforzar medidas. “La actividad delictual no está desterrada, pero sí contenida en el marco de un fuerte despliegue policial y un sistema de investigación criminal robusto”, explicó.
El primer crimen de la serie ocurrió el miércoles por la noche en barrio Santa Lucía. En la esquina de Ricardo Rojas y calle 1707, sicarios que se movilizaban en moto abrieron fuego frente a un quiosco. El ataque dejó heridos a un hombre y una mujer. Alexis Damián Barrios, de 36 años, cayó malherido en el pecho y murió horas más tarde en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). En la escena se secuestraron nueve vainas servidas, indicio de una ejecución directa.
Ya en la madrugada del jueves, la violencia se trasladó a la zona norte. Oscar Ramón Sarria, de 62 años, fue baleado dentro de su vivienda en Machaín al 1800, en barrio Unión. Dos atacantes en moto dispararon contra el domicilio y uno de los proyectiles impactó en el abdomen de la víctima, que murió poco después en el Heca. Sarria tenía antecedentes por un hecho de abuso de arma y lesiones ocurrido en 2023, causa por la que había recuperado la libertad en 2024 bajo una pena condicional.
La secuencia continuó por la tarde, nuevamente en el oeste rosarino. En Pasco y la colectora José María Rosa, a escasos 500 metros del crimen de Barrios la noche anterior, fue ejecutado Agustín Adrián Torales, de 29 años. Recibió al menos ocho disparos a la luz del día, frente a la casa de su pareja. El joven ya había sobrevivido a un ataque a tiros en 2023 en la misma zona.
Al atardecer, pero en barrio Plata, otro homicidio completaba el cuadro y sumaba más tensión en el gobierno, al tratarse presumiblemente de un robo con final trágico. En una vivienda de avenida Francia al 4800, en barrio Plata, Ercilio Abel Centurión, de 75 años, fue hallado muerto en el interior de su casa, con signos de haber sido golpeado y asfixiado. Un vecino alertó a familiares de la víctima, por haber visto a dos jóvenes salir corriendo de la vivienda.
El contraste entre la percepción oficial y el impacto social de los crímenes vuelve a poner en evidencia la fragilidad del escenario. La reiteración de ataques a balazos, la persistencia de disputas territoriales y la aparición de hechos letales en distintos barrios reflejan que, más allá de los esfuerzos por contenerla, la violencia sigue siendo una presencia latente en Rosario.
