La foto circula en redes sociales y fue tomada en la esquina de Salta y Cafferata, en Rosario. No muestra un hecho policial ni una escena extraordinaria. Muestra algo mucho más inquietante: una postal que empieza a volverse normal.
En la vereda, contra la pared de un cerrado local, una persona duerme en el suelo. A su lado, plegada, está su silla de ruedas.
No hay nadie alrededor. No hay un operativo, ni una discusión, ni un hecho que rompa la rutina de la ciudad. Solo una persona durmiendo en la calle como puede, en plena esquina urbana.
La escena golpea por un motivo simple, ya no sorprende tanto como debería.
En muchas ciudades las personas en situación de calle se volvieron parte del paisaje cotidiano. Se las ve en plazas, cajeros automáticos, entradas de edificios o debajo de un techo improvisado. Pero cuando esa escena incluye además a alguien que depende de una silla de ruedas para moverse, la pregunta es inevitable, ¿cómo llegó hasta ahí y qué tan natural nos resulta verlo?
Rosario discute a diario sobre seguridad, política o economía. Sin embargo, hay realidades que pasan delante de todos y quedan fuera del debate público. La extrema pobreza es una de ellas.
Las redes sociales a veces cumplen el papel de espejo. Alguien saca una foto, la comparte, y de pronto miles de personas se detuvieron a mirar algo que en realidad estaba ahí desde hace tiempo.
Quizás lo más preocupante de la imagen no sea solo la vulnerabilidad de quien duerme en esa esquina. Lo más inquietante es que la ciudad parece haber aprendido a convivir con estas escenas sin detenerse demasiado.
Cuando algo así deja de escandalizar, deja de ser solo un problema social. Empieza a ser también un síntoma de la indiferencia.
