Opinión

Violencia desmedida

por Gloria Riotini

“Entonces ya no pude contener a Bozo. La pelea estalló. A priori los gordos tienen ventaja, es evidente”.

Había sido un chiste, un chiste malo, se le había ido la mano y la paciencia de Bozo estaba saturada hacía rato.

En realidad Bozo era un pibe macanudo, pero blanco de todas las bromas.

A mitad de año, se había mudado con su padre y su abuela a un departamento en la misma torre en la que vivía yo con mi familia, por eso fui su primer amigo en la escuela.

Tampoco era tan gordo, algunos kilos de más acumulado sobre todo en el culo y en torno a eso giraban todas las bromas.

El colorado Jonás sí que era un pibe jodido. Se sentaba dos asientos atrás en la fila de al lado. Resentido y cargador le hacía la vida imposible. Desde su banco salían proyectiles de todo tipo que iban a parar en la cabeza de Bozo.

Se llamaba Andrés, pero todos le decíamos Bozo, sobrenombre inventado también por el colorado, por el vello suave y poco abundante que tenía en el labio superior y por el famoso payaso que nos había alegrado la niñez, aún muy cercana.

El colorado era el líder, un líder negativo y temido, pero líder al fin y ninguno de nosotros se había atrevido, hasta el momento, a enfrentarlo.

Desde el principio Bozo fue bien aceptado por casi todas las chicas, excepto por el grupito más revoltoso y rebelde que hacía alianza con el colorado.

Era buen alumno, muy bueno para los números y la música, además escribía poesía.

No pegaba una en los deportes y en las prácticas de fútbol de la escuela jugaba siempre de arquero suplente.

Si el profesor lo ponía un rato en el arco, del grupo se escuchaba siempre algún grito.

-¡Mové las gambas culón! ¡Atajala Bozo culón!

Se ve que al profesor tampoco le caía en gracia, porque hacía la vista gorda y lo mandaba nuevamente al banco.

El colorado era el hijo menor de una familia bastante pesada, con el padre y su hermano mayor presos. La madre parecía una buena mujer, pero trabajaba todo el día, el pibe andaba siempre solo.

Era bastante inteligente, pero muy vago, resistente a la autoridad, al trabajo y tenía en el grupo varios esbirros

Bozo, que era huérfano de madre desde muy chico, había sido criado por su abuela y su papá. Había vivido en un pueblito chico de Formosa, hasta que a su padre, sargento primero de gendarmería, lo trasladaron a nuestra ciudad.

Era algo introvertido, de buen juicio, trabajador, ordenado y generoso.

Se había integrado a la banda de la escuela, tenía mucho oído musical y tocaba muy bien la trompeta.

Esas cualidades lo posicionaban bien ante la mayor parte de los profesores y ante las chicas más estudiosas, sobre todo ante los ojos de Lila, de quien gustaba el colorado en secreto y por quien era rechazado.

El acoso del grupito del colorado era cada vez más intenso, pero ese día, en la sala de música, todo se salió de control.

El Colorado se había sentado cerca de Bozo, yo entre ellos dos. Cuando Bozo se levantó para subir al escenario donde practicaría junto a la banda. El colorado le chifló y con un meloso “mamita” le apoyó las dos manos en el culo.

Bozo se volvió, yo me tiré para atrás y apenas pude esquivar una trompada que despidió al colorado hacia abajo por las gradas y al golpear la cara contra el piso empezó a salirle mucha sangre de la nariz.

Pero Bozo rojo de bronca ya estaba junto a él y agarrándolo por el buzo, comenzó a sacudirlo mientras le gritaba “¡A ver, volvé a decirme culón, pelotudo! ¡Dale, decime culón!”

Inmediatamente, al ver que el colorado no respondía, nos gritó a los que los rodeábamos. “Le sale mucha sangre, ¡ llamen a una ambulancia! “

Y lo trasladaron al hospital, donde le hicieron las curaciones y estuvo internado hasta el día siguiente en observación.

Ambos terminaron amonestados, Bozo fue suspendido por una semana.

Parecía injusto el castigo luego del acoso que había sufrido, pero el director, que no había hecho nada para defenderlo del bullying, dijo que su violencia había sido desmedida.

Desmedida o no, puso las cosas en su lugar, Bozo y el colorado nunca llegaron a ser amigos, pero convivieron en armonía hasta que terminó ese último año de la primaria.

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