Opinión

Colapso

Desde que asumió Milei, y no en secreto, comenzó a ejecutarse una política sistemática de desmantelamiento de la estructura vital y productiva de este país. Había que quitarle su alma, su estructura productiva, sus ritmos cotidianos, sus cimientos institucionales; había que deshacer consensos básicos y exhibir permanentemente la fuerza bruta para abortar protestas. Milei fue acompañado desde el principio por lo peor de cada casa. Ninguno de los gobernadores que le dieron aliento hasta ahora pueden hacerse los sorprendidos ni las víctimas. Estaba todo a vista.

La destrucción del Estado argentino no debería ser una propuesta de campaña aceptable. Está a la vista que la destrucción del Estado implica la destrucción de la sociedad argentina, del único soberano.

El jueves y de acuerdo al plan de Sturzenegger, el gobierno dejó sin efecto mil servicios del INTI, y en el mismo acto despidió a 140 trabajadores. A partir de ahora, nadie en este país controlará los contenidos de los alimentos ni de las bebidas. Nadie controlará el funcionamiento de los ascensores de los edificios. Ni si el kilo de café o de fideos contiene un kilo o menos. Echaron también a trabajadores del Servicio Meteorológico Nacional. Un paro del SMN la semana próxima obligará a cerrar los aeropuertos. Son ellos los que dan los horarios a los controladores.

Ninguna de estas cuchilladas a la Argentina fue mostrada ni narrada como tal ni por el “periodismo profesional” ni por sus cómplices, que fueron llamados dos años “oposición amigable”, una fórmula retórica complaciente para los colaboracionistas del fascismo.

La megadevaluación con la que debutó Milei fue una molotov mental que nubló varios meses los ánimos mientras se iniciaba el peregrinaje hacia la miseria o la muerte de muchos que entonces no lo esperaban. Todo esto, observado desde la verdadera oposición, fue siendo señalado a los gritos pero en el desierto.

No estoy siendo dramática. Hablando de los préstamos obscenos a los privilegiados que le votan las leyes que no leen, Milei preguntó si murió alguien.

Sí, Milei, murió mucha gente, empezando por los ciento y pico de muertos por el fentanilo que se distribuyó mal por falta de controles estatales. Tus políticas matan, y ustedes lo saben perfectamente porque por eso las aplican. Tienen la muerte ajena objetivada, han transformado a los otros, incluso a sus electores, en objetos de baulera que si no están no lo lamenta nadie.

Milei haría bien, si vuelve a Israel como dice, en volver a llorar desencajado en el Muro de los lamentos, porque en el país que gobierna, este pobre país, empezó la etapa de lamentos que en un instante pasan a furia y a alteración.

Milei nos alteró la vida y nos puso en la mesa de saldos, tan luego él, el presidente outlet. Nunca este pueblo tuvo menos ganas de vivir. Su fotofobia hace que le moleste la luz. Que gran metáfora.

Algunas de las áreas atacadas son estratégicas, como las universidades o Nucleoeléctrica, que contenía el proyecto nuclear Carem. No voy a hacer listas, son interminables. Otras áreas son de estricta necesidad de supervivencia de la población, como la salud pública.

Milei, Caputo y Sturzenegger, con su mamotrética ley de “hojarasca”, envaselinaron y encadenaron a la Argentina para dejarla en un estado de máxima y agónica vulnerabilidad. Si el proceso de destrucción de esta nación no fue visibilizado a tiempo fue porque los grandes medios y el algoritmo fueron cómplices. Ahora están descubriendo la pólvora. Tarde, canallas.

Esta semana colapsó el PAMI. Milei, cuando llegó, lo recibió en condiciones inmejorables. Sin deuda, con superávit y con todos los afiliados recibiendo su medicación. Daba prótesis, cubría estudios complicados. Fue una de las áreas mejor manejadas del gobierno de Alberto Fernández. En dos años lo estropeó. Lo destruyó como destruyó todo a su paso. No sabe hacer otra cosa.

El estrépito que causó el descuento del 50 por ciento en las cápitas a los médicos de cabecera del PAMI, chocó este lunes contra la voluminosa información que hay sobre los múltiples hechos de corrupción desbocada que protagoniza la cúpula libertaria y sus colaboradores legislativos macristas y radicales, incluyendo a peronistas que nunca se privan de una dádiva.

Es demasiado. Todo junto no cuaja. No hay manera de compatibilizar el sufrimiento popular con la brillante dentadura de factura reciente de la señora Adorni, y sus viajes de nuevos ricos ansiosos por el all inclusive. La plata que no había estaba en Aruba.

Es mucho. Es deforme. Es imposible que nos pidan que no gritemos cuando tropezamos con gente durmiendo en la calle, y al mismo tiempo sabemos que a chantas amigos de Milei el banco público le prestó millonadas a treinta años para su cuarta casa. Es nauseabundo.

En este momento hay reuniones dirigentes de todo el peronismo y otros partidos. Gente que nos parece creible y gente en la que no confiamos nada. Ahora el gobierno de Milei se muerde la cola. Es imperioso entender que el primer consenso amplio que necesitamos como pueblo para tener una chance es un primer cerco de acuerdo para volver a la cordura y deshacer la mayoría repugnante que sostiene a Milei.

Lo demás se verá, pero sin ese paso, el juicio político es imposible.

Por Sandra Russo

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