Colón le ganó con claridad al Rojo y jugará la final con Racing
El Sabalero se impuso a Independiente con autoridad en San Juan: lo ganó con un penal del Pulga Rodríguez y una gran definición de Pierotti tras un contragolpe. El viernes a las 19 se medirá con la Academia.
Hubo un equipo que estuvo a la altura de las circunstancias. Y otro que, a pesar de haber hecho una campaña aceptable en un marco en el que se le presentaron muchas situaciones adversas, no dio las respuestas que se esperaban en un encuentro decisivo. Colón avanzó a la final de la Copa de la Liga porque dio la talla y fue más que Independiente desde todas las variables que se pueden medir en un partido: fue más punzante, más inteligente, más contundente, se impuso con claridad en el duelo estratégico e incluso contó con el respaldo de su arquero, Burián, en los momentos en los que la cornisa se mostraba resbalosa.
Eduardo Domínguez, el arquitecto de este conjunto que finalizó primero en la Zona A y venía de eliminar a Talleres por penales, es un entrenador que conoce muy bien a Julio Falcioni, quien influyó en su formación . El técnico de Colón le tiró el espejo por la cabeza al Emperador: apostó por una propuesta similar a las que ha tenido el DT de Independiente a lo largo de su carrera. Colón fue un equipo que encontró en el juego directo una vía para generar peligro ante un adversario que nunca se sintió cómodo. Bernardi tapó bien a Lucas Romero para entorpecer la salida del Rojo y cortar su juego desde la raíz. El equipo de Avellaneda salió con un esquema flexible: un 4-1-4-1 flexible que mutaba a un 4-3-3 cuando el conjunto quedaba en situación ofensiva. Asís, lateral derecho por naturaleza, arrancó jugando por el centro en la mitad de la cancha y con perfil cambiado, por lo que se sintió muy incómodo. Palacios y Roa comenzaron recostados sobre las bandas. Lo cierto es que ambos se perdieron enn esa función ya que no generaron juego y tampoco mostraron aptitudes para la marca, por lo que el equipo solía quedar descompensado ante la pérdida. Cuando el Rojo tenía la pelota, ambos tenían que correrse hacia el centro para asociarse y crear, pero cuando la perdía se veían obligados a tirarse a los costados y retroceder para tapar las bandas ante un adversario que lastimó con sus transiciones rápidas.
