Opinión

Crisis en el palacio y en la calle

Los alcances del meme nacional

No hay divorcio temático entre “lo de Adorni” y la economía en caída libre. Los hermanos, aislados y aferrados al exvocero, parecen empecinados en profundizar la hecatombe.

Adorni en Mar del Plata (@TodoNegativo)

Si algo escenifica esta crisis política, profundizada desde el propio Gobierno, es la convivencia entre “lo de Adorni” y una percepción social que, ante todo y como siempre, pasa por la economía. ¿Es un divorcio temático?

Un aspecto son los escándalos de palacio. Lo otro es el cotidiano de la calle, que atañe principalmente a los conurbanos de las grandes ciudades aunque la atención mediática se centre en el bonaerense. Pero el resto, en sus proporciones, acompaña casi a la par.

Respecto de Casa Rosada, sigue vigente el campeonato de acertarle a por qué sostienen al meme nacional. Es lo que produce un Gobierno donde, virtualmente, no existe el off.

Javier Milei no habla con nadie por fuera de sus mascotas. La Hermana, menos que menos. Y no hay segundas ni terceras líneas que larguen prenda certera, porque tienen pánico a la furia de la Presidenta efectiva (prevención: cuando lean o escuchen “en Gobierno dicen equis cosa”, por lo general no compren. Suelen ser meras inferencias, dibujadas como datos).

Patricia Bullrich, quien es la única con juego propio ya lanzada a una posible carrera presidencial por el partido o invento que fuere, según su base de tener más transferencias que un Corsa, se habilitó hablar de lo que medio mundo gubernamental cuchichea. Le sirvió para guapearlo al Presidente. Buena movida.

Todo lo demás son especulaciones.

¿Milei respalda a un cuatro de copas, quien es su segundo jerárquico pero sin ningún volumen político, ni territorio, ni trayectoria, por emperramiento personal? ¿Se construye una realidad paralela que invita a diagnósticos psiquiátricos? ¿No es nada de eso, sino que un jefe de Gabinete echado y despechado podría prender un ventilador terminal? ¿Es Comodoro Py hundiendo los colmillos, en representación de un Círculo Rojo macrista ya conteste de que “el loquito” puede descarrilar la calesita?

Adorni, aunque no encendiese el repartidor de estiércol, ¿ya quedó al arbitrio de que lo fulmine la Justicia local? ¿O la estadounidense, si acelera la indagación por $Libra? ¿Milei no es ningún loquito, y simplemente sabe que si entrega a Adorni después irán por La Hermana y al cabo por él?

¿Y si en lugar de alguna de todo eso fueran todas esas juntas?

Apostilla: tomen nota nota de que, no por nada, ciertos loros oficialistas activan campaña con/contra “lo de Adorni”.

Por un lado, hay intereses ligados a las transas de presión corporativa. En eso, es comprensible que Milei tenga sus saques furibundos.

Algún grupo mediático precisa que le aprueben una compra telefónica, para la que ya se endeudó hasta más que las manos. Algún otro apremia para que no le hagan competencia en el monopolio de los grandes recitales y espectáculos porteños.

En fin. Cosas del periodismo independiente, cuya credibilidad absoluta es tan firme como la del topo que dijo arribar para destruir al Estado. Hay colegas muy valiosos, en todas partes. Pero hay que saber seleccionar.

El otro paquete es “la gente” ajena a estas circunstancias. Ajena a las andanzas del vocero ministerial ahora mudo, salvo para conferencias truchas e ir una “entrevista” de cumpleaños feliz. Ajena a la cascada y al mármol travertino. Inmersa, por caso, en la foto icónica de una fila de doce cuadras para 60 puestos en un frigorífico. Y en la de una clase media que reduce su consumo hasta situarse, como mucho, en lo aspiracional de permanecer ahí mientras el bolsillo le marca lo contrario.

Los números de “la macro” corroboran ese estado de situación, por más que -también es veraz- haya leve optimismo acerca de algunos. El rebote ante el colapso industrial gracias si se liga a los nichos vinculados a la exportación. Los sectores que demandan mano de obra intensiva persisten en caída libre. Crece la construcción, pero en cotejo con diciembre de 2024 está un 10 por ciento abajo. La recaudación tributaria descendió por noveno mes consecutivo.

¿Síntomas de estallido social? Al parecer, en el país de nunca se sabe: ni por asomo. Más semeja haber una naturalización del declive. Y quizás corresponda incorporar que ese “la gente” tiene temor de que una eclosión le agrave su presente y horizonte. Trump ya jugó esa carta con los argentinos. Le fue muy bien.

Los relevamientos callejeros de variadas señales de noticias son pedagógicos. Alrededor de un tercio manifiesta su disgusto (muy) embroncado contra el Gobierno. Pero la mayoría fluctúa entre “bancar”, “son todos iguales”, “la política no me interesa” y “lo de antes era peor”.

En la revista Y ahora qué, una de las mejores surgidas en materia de debate y actualidad política, destaca un artículo de la docente y consultora Fernanda Ruiz.

Refiere que Javier Milei es el sujeto político más viralizado de la territorialidad digital. Lo es desde marzo de 2022 cuando, siendo diputado nacional, ya alcanzaba en Youtube un 1700 por ciento más que todo el resto del espectro político junto.

Su pico llegó al asumir como Presidente. Pese a que el desgaste de la gestión bajó su performance hasta negativizarla, en sus mismísimas redes, continúa como la figura que mayor interés despierta. En todo el país. En adeptos y opositores.

Y en eso llegó Adorni, convertido en un fenómeno inusual que supera a Milei en interés de búsqueda digital (Google) durante siete ocasiones en menos de dos meses.

Sería pertinente, como señala la especialista, desplegar un estudio acerca de qué simboliza “la cascada” en los imaginarios populares.

¿Por qué? Porque, lejos de quedar sólo en la polémica, el tópico derivó en una ola de humor incontenible. Comparación de la cascada con parques temáticos, spas de lujo, escenas de Los Simpsons y hasta escenarios de películas, generando miles de publicaciones.

Lo tan notable como obvio, agregado por la autora, es este efecto cascada aparentemente interminable y apto para superponerse con la crisis. Afecta en modo grave a millones de personas en el trabajo, la alimentación, la salud, la educación, la vivienda y los sentimientos de angustia e impotencia promotores de “otra” crisis acentuada: la salud mental.

El contexto habitúa altísimos índices de violencia social -en formas institucionales y cotidianas, añadimos- propiciadas por el “estilo” presidencial, los insultos, la motosierra y la cultura de que “no adiamos lo suficiente a… (los periodistas, pero no sólo)”.

La semana regaló ciertas perlas que merecen no pasar de largo, aun cuando formen parte de la “habitualidad”. Y aun cuando ya no se sabe de qué trabaja el jefe de Gabinete, porque ni agrupa a gabinete alguno siendo que todos los ministros huyen de él espantados… ni puede siquiera encabezar un acto oficial que no sea descubrir una placa con el acompañamiento de La Hermana.

Una de las gemas fue el despampanante diálogo de Milei con dos comunicadores de La Nación+, a puro arrebato de un Presidente frenético y urgido de salir al aire para contrarrestar esa formidable provocación o gastada que la ex comandante Pato le había pegado hacía minutos.

La siguiente, complementaria, fue una plática de salita rosa entre Adorni y otro comunicador, en un canal de streaming, en la que solamente faltó preguntar, si fueses planta, qué planta serías.

El cierre del artículo desafía que “la cascada” puede conjugar “el colmo”, desde diferentes perspectivas.

“Hay una estrategia muy utilizada para trabajar con mujeres víctimas de violencia de género (…) Una vez protegida (…), poder reírse del violento lo minimiza. Sana. Ayuda a tomar fuerzas. A sentirse capaz de afrontar lo que siga”.

Ojalá, como desea Ruiz, la profusión de memes e ironías ayude a los argentinos a reírnos de esta tragedia. Pero, sobre todo, a sentirnos capaces de superarla.

Que eso ocurra depende de la aparición de una alternativa creíble. De una nueva autoridad política. No para resolver algo de golpe. Sí para el comienzo de un despegue.

El “conjunto” opositor no logra capitalizar el descenso de la imagen presidencial.

Volvió a circular, por varias vías, el viejo apotegma de que la sociedad argentina tolera la cantidad de corruptos que sea menester. Cabría amplificar: mientras la economía tenga signos vitales. Pero lo que no aguanta es boludos.

Al margen de su efectismo, es un tema interesante.

¿”Lo de Adorni” representa un crecimiento de conciencia acerca de lo que significa este modelo? ¿De que los libertaristas son una casta igual o peor que cualquiera de las conocidas? ¿De que esconden o revelan un armazón de negociados y corrupción formidable? ¿De que son la cuarta M en el soplo histórico de apenas 50 años?

¿O expresa rechazo popular -en las redes, en los medios tradicionales, en el conversatorio público- sólo por entendérselo como una excepción dentro de un Gobierno “acertado” en su rumbo general?

Son algunas preguntas básicas, imprescindibles y -por ahora- de respuesta muy incierta.

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