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Murió un preso electrocutado en su celda de la Unidad Penal 3

Una conexión eléctrica mal hecha

Mariano Sebastián Delgado, de 33 años, estaba a dos meses de recuperar su libertad. «Es otra cara de la violencia institucional», denunció Horacio Baster, dirigente del Movimiento Evita. En la casa de la víctima funciona un merendero.

Mariano Sebastián Delgado tenía 33 años y estaba detenido en la vieja Unidad Penal 3, de Ricchieri y Zeballos. El martes por la tarde falleció electrocutado al recibir una descarga cuando intentaba abrir la puerta para salir de su celda. Una conexión mal hecha por alguien que no era un técnico especializado pudo haber sido la causa de la tragedia, según revelÓ a Rosario/12  su esposa, quien ayer todavía no lo podía creer. En solo dos meses más iba a ganar su libertad. «A Mariano lo mató la miserable infraestructura del lugar, que es otra de la caras de la violencia institucional» denunció Horacio Baster, dirigente del Movimiento Evita, quien rescató la militancia intramuros de la víctima. El fiscal Walter Jurado, de la Unidad de Homicidios, está a cargo del caso. Desde Fiscalía, indicaron que hasta el momento lo único oficialmente establecido es la muerte por electrocución, no así las circunstancias en las que el interno, oriundo de Villa Gobernador Gálvez, sufrió la descarga. En principio, las autoridades señalaron que no hay indicios de violencia externa que indiquen una agresión. Todo apunta a una deficiente instalación eléctrica.

Su esposa Lucrecia reveló a Rosario/12: «Primero me avisaron que se había electrocutado y después que fue con un cable del ventilador. Pero hace un rato hablo con un chico que era compañero de celda de Mariano y me dijo que a la mañana de ese día habían tenido problemas de electricidad y pidieron que les mandaran un electricista. Así que los engomaron (les pusieron una traba general a las celdas) y les mandaron técnico pero que arreglaba DVD. Cuando esta persona se va y los desengoman (les liberan la tranca), Mariano quiso abrir la puerta sacando su brazo por el pasaplatos y tocó un cable que había quedado colgando en la puerta del lado de afuera aparentemente. Esto me hace pensar que este técnico que fue hizo las cosas mal. Así fue que quedó electrocutado, porque la llave térmica nunca funcionó, sus compañeros lo quisieron auxiliar y los pateó la corriente, porque seguía pasando la electricidad por el cuerpo».

Lucrecia agregó que según pudo reconstruir «los agentes del Servicio Penitenciario lo auxiliaron pasado un rato más que largo, y que lo intentaron reanimar en unos de los patios, sin intervención aparente de la gente de enfermería».

Baster rescató la figura del hombre a quien definió como «nuestro kumpa en el peor lugar de militancia: la cárcel. Con él aprendimos mutuamente poner freno o paliar la violencia institucional. Con solidaridad se convirtió en vocero de los sin voz…. Sus hijos son mis nietos de la vida. Nunca bajó los brazos y fue ejemplo de cómo la militancia reconstruye peleando la igualdad de oportunidades. Su casa -junto a su compañera Lucrecia- es hoy un merendero y centro popular de la CTEP y el Movimiento Evita en Villa Gobernador Gálvez».

«Mariano era un luchador de pura cepa» remarcó Baster. Era delegado en donde le tocó actuar y llevo adelante cuanta acción solidaria pudo ejercer. En su perfil decía: «militando de sol a sol» porque encontró en ese camino la construcción de un hombre nuevo, y doy fe, se preparaba en meses para su libertad definitiva y construir su familia de la que estaba orgulloso y por la que iba a pelear».

«Hoy, la violencia institucional, en su infraestructura, en su miseria,  fatalmente se lo llevó. Vinieron por él la desidia y el desamparo. Tardaron mucho tiempo en socorrerlo».

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