El dolor de los “descartados”

El trabajo no sólo es importante para producir valor, sino además y fundamentalmente, es un espacio transformador y creativo, cuando es libremente elegido y en condiciones de buen trato.
Encontrarse con las puertas clausuradas de los empleos es una de las formas más crueles de lo traumático. Lo traumático es lo que irrumpe de un modo imprevisto, sorpresivo, que no le da tiempo a un sujeto para metabolizarlo, para elaborarlo, para registrarlo.
Si además los cierres de empleos son masivos, el daño producido es mayor.
Lo traumático tiene un efecto lesivo en la organización psíquica e impacta en todas las áreas vitales, por lo que una vida que se manejaba con cierto equilibrio se desestabiliza, ya no le queda nada, ni siquiera las rutinas organizadoras.
Si bien el impacto de la pérdida del trabajo por despidos o por accidentes laborales no es necesariamente el mismo en todo sujeto ni en distintos momentos de una vida, su pérdida genera ansiedad, angustia, desolación, insomnio, desesperanza y desesperación además de baja autoestima, en síntesis depresión reactiva.
Las reacciones psicosomáticas están a la orden del día y por otra parte el vacío producido potencia las diversas formas del consumo que favorecen situaciones de violencia.
En los oficios, actividades, profesiones, se van hilvanando intereses, deseos que se articulan, se construyen a lo largo del tiempo. “Al privar del trabajo corremos el riesgo de, al mismo tiempo, destruir un edificio construido con paciencia por el sujeto a su medida, y de provocar un reflejo contra él de pulsiones por falta de inversión, lo que en sí puede ocasionar, bajo ciertas condiciones una situación mental (y somática) peligrosa”. (Dejours, C.)
La pérdida de habilidades -por accidentes frecuentes-, la imposibilidad de emplazarse nuevamente, y el límite de la edad, -lo que los baremos laborales llaman “factores de ponderación”- son elementos desfavorables que construyen hoy un futuro laboral amputado.
Se multiplican vertiginosamente los sujetos que quedan desalojados, desamparados, desafiliados, en síntesis, “descartados”. A lo desgarrado de la organización psíquica de miles de sujetos, se suma en consecuencia el desgarro de una sociedad estallada.
*Psicoanalista. Doctora en Psicología. Docente Psicología UNR.
