Es de Monte Grande y puso en el frente de su vivienda dos banderas con mensajes para los votantes del actual presidente de la Nación.
Héctor Ganzó vive en Monte Grande, tiene dos hijas y es multifacético a la hora de trabajar: corta el pelo, arregla televisores y otros electrodomésticos. Es peronista desde siempre y cuando Mauricio Macri ganó las elecciones en el 2015, lo sintió como un duro golpe.
La gente del barrio y de las zonas cercanas lo conocen y muy bien. Las grandes distancias las hace a bordo de su bicicleta. Cuando eligió dejarse la barba y el pelo largo decidió ponerse un gorro de Papa Noel y más de un niño sonrió al verlo.
A este cómico accesorio, Héctor decidió agregarle un cartel en contra del presidente de la Nación. Cuando habla de ese primer letrero que se colocó en su espalda, recuerda que llevaba el lema «Yo no lo voté y los Reyes Magos tampoco». Sin embargo, en ese entonces, no se sentía tan seguro de salir así a la calle, tenía miedo de los insultos y las contradicciones.
Reconoce que más de uno se enojó mientras que otros apoyaron sus dichos. Y así poco a poco, los carteles comenzaron a duplicarse. «Mi idea es que la gente que esta enojada con este gobierno, lo diga, lo manifieste de alguna forma y no quede simplemente en un comentario hecho en un almacén» afirma.
Con el correr de los meses, la tendencia se fue invirtiendo. Cada vez eran menos los que se enojaban y lo contrariaban; y eran más lo que los felicitaban. «Hay vecinos que dejaron de venir a cortarse el pelo o me retiraron el saludo porque no quieren admitir que se equivocaron. Yo no me peleo con nadie, acepto lo que piensa cada uno de mis vecinos, pero también hay que reconocer que cada vez estamos peor».
Su familia lo apoya, sus hijas están orgullosas de él y saben que Héctor les enseñó a luchar, a intentar cambiar las cosas aunque sea con acciones mínimas. No callarse, no ser sumisos, no aceptar todo sin objeciones. Este vecino de Monte Grande, ahora, no lleva solamente los carteles en su pecho también están en el frente de su casa. Admite que cada vez son más los que le tocan bocina y acompañan su reclamo.
