Bolivia atraviesa jornadas de protestas y bloqueos de calles y rutas en diferentes ciudades, pero sobre todo en La Paz, a raíz de los reclamos económicos y sectoriales que piden la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
El gobierno de Paz se sostiene en base a una dura represión militar y policial que ya dejó como saldo 4 asesinados. Para aplicar su plan de ajuste también cuenta con el apoyo de Estados Unidos, Israel y varios gobiernos de derecha de la región, como el argentino de Javier Milei.
A raíz de los incidentes, el vicepresidente Edmand Lara emitió una carta abierta al presidente en la que convocó a un diálogo nacional “serio, amplio y sin condiciones” y advirtió que las detenciones “no pacifican, sino que incrementan la tensión y la incertidumbre”.
“No voy a ser cómplice del silencio. Bolivia necesita abrir caminos de entendimiento y no utilizar la justicia como un mecanismo de presión contra quienes se movilizan”, marcó.
Instó Lara a no permitir “que se profundice una desconexión entre las autoridades y los sectores sociales que sostuvieron este proyecto político”.
Agregó al respecto que “tampoco podemos limitarnos a escuchar únicamente a determinados sectores o visiones, dejando de lado las preocupaciones de quienes hoy demandan atención y respuestas”.
