Se trata de una estrategia cada vez más extendida entre los hogares argentinos frente a ingresos que no alcanzan y deudas en aumento. A provincial, Mendoza lidera el ranking con más del 50% de familias que usan ahorros para cubrir gastos corrientes.

Cada vez más hogares argentinos sobreviven gastando sus propios ahorros para llegar a fin de mes. La postal se repite en gran parte del país y deja al descubierto una estrategia de manutención que se volvió habitual frente a salarios que no logran seguir el ritmo del costo de vida: en varias provincias, casi la mitad de las familias admite recurrir al dinero guardado para cubrir gastos corrientes, una clara muestra de que los ingresos habituales dejaron de alcanzar incluso para sostener consumos básicos.
El fenómeno expone una tendencia más profunda en la que el ajuste económico no sólo impacta sobre el consumo presente, sino también sobre las reservas acumuladas por las familias, que se ven obligadas a desarmar ahorros para sostener gastos cotidianos. En otras palabras, crece el número de hogares que viven gastando sus propios ahorros como mecanismo de supervivencia económica, en un contexto atravesado por la pérdida del poder adquisitivo, el encarecimiento de los servicios y la expansión de formas laborales más precarias e inestables.
El escenario se combina, además, con un creciente endeudamiento y mayores niveles de morosidad. Pese a ello, el ministro de Economía, Luis Caputo, relativizó esta semana la situación al afirmar que “la gente pensó que la inflación iba a licuar las deudas”, en referencia al aumento del incumplimiento en los pagos. Sin embargo, los datos muestran que la morosidad de los hogares alcanzó niveles superiores incluso a los registrados durante la pandemia, reflejando las crecientes dificultades para sostener tanto el consumo como las obligaciones financieras.
Vivir gastando ahorros
El deterioro sostenido de los ingresos impactó en la economía cotidiana de los hogares argentinos. En concreto, una porción cada vez mayor de familias tuvo que recurrir a sus ahorros para cubrir gastos corrientes y llegar a fin de mes, dando cuenta de que los ingresos habituales ya no alcanzan para sostener el consumo básico.
Al respecto, en gran parte de las provincias del país, la proporción de hogares que usan ahorros para llegar a fin de mes llega a casi la mitad del total. Los datos muestran que el uso de ahorros aparece como una estrategia extendida de supervivencia económica. De esa manera, crece el porcenta de familias por provincia que «viven gastando sus ahorros».
En detalle, Mendoza encabezó el ranking nacional: el 50,3% de los hogares utilizó dinero ahorrado, es decir, uno de cada dos. Detrás aparecen La Pampa (49,8%), Santa Cruz (48,3%) y San Juan (47,5%), mientras que Tierra del Fuego y CABA también superan el 40%.
Por su parte, otras provincias exhiben porcentajes menores, como Santa Fe (16,4%), Santiago del Estero (12,1%), Chaco (10,7%) y especialmente San Luis, con apenas 5,4%, el valor más bajo del relevamiento. La información surge de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) procesada por “Argendata” y deja ver una tendencia más amplia: el ajuste del consumo ya no se expresa sólo en caída de las compras, sino también en el agotamiento de las reservas acumuladas por los hogares que se ven obligados a usarlas para sostener gastos cotidianos.
Un punto no menor destacado por el centro de estudios tiene que ver con que ello ocurre en un escenario donde, en la última década, la modalidad laboral que más creció fue el monotributo, muy por encima del empleo asalariado privado o público.
Así lo evidencian las cifras: el empleo registrado creció desde 2012, pero de manera muy desigual. El monotributo lideró la expansión con un crecimiento del 67% en 14 años, mientras que el empleo público creció 33%. En el otro extremo, el empleo asalariado privado se estancó y creció apenas un 2%. Al mismo tiempo, el empleo en casas particulares exhibe una caída persistente desde la pandemia y se ubica incluso por debajo de los niveles previos.
De esta manera, la expansión del empleo registrado está impulsada, a contramano de lo que afirma el oficialismo, por formas más precarias o inestables de inserción laboral, asociadas al monotributo, en detrimento del crecimiento del empleo asalariado tradicional.
Deuda -y morosidad-
Además de usar sus ahorros, las familias recurren, cada vez más, al endeudamiento porque no logran cubrir sus gastos mensuales. La inflación acumulada en bienes fue cercana al 170% y en servicios alrededor del 362%, lo que indica que las familias destinan una mayor proporción de sus ingresos al pago de servicios, reduciendo el ingreso disponible para la compra de bienes.
“Esa menor disponibilidad de dinero para el consumo de bienes explica en parte la necesidad de recurrir a crédito”, señaló un informe del Centro pata la Recuperación Argentina (RA-UBA). Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, el incremento acumulado del crédito para el consumo es del 57%.
Para los especialistas, resulta llamativo el incremento en la exclusividad de las billeteras virtuales y proveedores no financieros, pasando de una “fidelidad” del 40,4% a finales de 2023 a un 71,3% (+30,9 puntos) apenas un año después.
Sin embargo, el mayor endeudamiento tiene como correlato un creciente incumplimiento de esa deuda. Puntualmente, los niveles de morosidad de los hogares se ubicaron por encima de los registrados desde 2009, incluyendo el período de pandemia. “La morosidad en los créditos a familias aumentó 7,8 puntos porcentuales, pasando de 2,8% a 10,6% del total, lo que implica un incremento de casi 4 veces. Por su parte, la morosidad en el crédito al consumo se incrementó 9,6 puntos porcentuales, al pasar de 2,5% a 12,1%, es decir, cerca de 5 veces”, precisaron.
Así, entre ahorros que se agotan y deudas que crecen, los hogares argentinos enfrentan una economía cada vez más difícil de sostener. Los datos reflejan que el ajuste ya no sólo impacta sobre el consumo, sino también sobre la capacidad de las familias para sostener su vida cotidiana sin recurrir a reservas acumuladas o al crédito para cubrir gastos básicos.

